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Kverfuni

Vertiente suicidio de todo, del inteligente bosque de cinceles y hurgas y existentes escalofríos hasta la nalga japonesa con respecto a todas con y sin uso de impulso, con poco suelo pidiendo ayuda del sueldo entre el tal vez y la fangoria que cambia al corto extrañar paciente, con desnudos iluminados y existencias y mudas de cajas exactamente para abrir el cuello de un portazo, o del período mensual que hornea la infancia y las últimas fechas de pecho abierto seduciendo la autoría hacia abracadabras de tres protagonistas de la precursora escena de pasar la miseria del pasto, o en existir noches sin entonces extinguidas y apagadas para picar un silencio imaginario con voces de muñecas asustadizas sin cualquier duda de ganar al payaso sin creer en la taiga, o la colectiva de paradas y sinfonías internacionales enganchadas a la noche, al cómo cruzar lo que sigue, lo que no abandona el audio, o los rápidos antes en horas y en mil risas de la par que determinan el rato de la fotocopiadora sin la crema de talco, de aromas a mañanas aferradas al escobillón del espejo, del puro saludo equivocado que asemeja otro sentido común del baile clásico, o los verdejos que siguen con la ventana de ejercicios para equilibrar los lavados de abajo y las bombillas de delirios con los lacios que van al olvido de quitar las pisadas, la serie de diez impotencias disfrazadas en la cancha del caso de tener razones o dramas creca de cualquier vencida, dionisiana, del cortinado fragmento del apilado paisaje servicial y perezoso intercambiando tres quietas de la misma hora atrapada al apuro con polvo y agujas y no tanta ilusión con la suya cuando indica la función de pretender las acotaciones parecidas a distintas permanencias quietas que no cruzan para empecinar que la cabeza pase a las tardes de habla con el diazepan y el prozac posinártico después del catión que hiperpolariza el lícoper, o la diestra neurotransmisión de la gaba del tomate en la ausencia de retener los cruzados queriendo la esfera soluble de aletas y actividades como en un plus de la imaginación de posibilidad de una condena latida, exagerada, rasgadas de otra canción de paz y colores secundarios del xanax del destino muerto a terceras con horas bajas para adquirir los únicos litigantes con chaleco de pana y giros que ponen la precisión en el mal paso.  

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