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Parbaz

Víves baban inúculas sus poquitos de become, de insultos, lugar roto y espasmos alquilados por el pasado y las mesadas de la tarde del texto fictício, como entremés ariso, filántropo empujado por lo que no funciona ni sale del bosque pardo, moreno, pateta, archimpiego de nuit brilla como posible plausible, parbaz que sobra y sigue el ruiseñor como se escriben las calles delgadas, la tímida sordera que puede volver de acá, del galope eterno, de la rapidez condenada al agite masturbador, lectora malagua, en el mismo afín nudista que el plan de coleccionar cucarachas, y la muda con montículos de reposeras de la urdimbre que apolilla la tez de ninguna edad, la margarita arrecia, la estrenada de tres generaciones de infiernos sin decir el dónde será, reñida en los informes del prefiero pluscuamperfectos y modestias del atroz viril, riño del olor de picatostes y bombachas con alas de pícaras bayas y muñecos y timbas de firmes marionetas y délanos rudos poco habitualés en la biografía de la inspiración y cada reniñez que lame la opinión del perfume viejo, cauto, raudo en el raíl del canto viviente contra las arenas embarazadas de versos y olas y transparencias verdes ni el susodicho de las lámparas en la posada de ternuritas y tantos besitos repartidos por el dolor mirando por encima del sólo quiero y las babas suaves del todo que todavía aguantan sin desmoronarse por el pánico de endulzar la soledad aferrada a las gracias del íntimo seguro de no perder las secuencias ni los oídos que cambian de milenio y se concentran para vos, para la imaginaria fantasía que espera el próximo plano sesgado.

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