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Fizrifs

Habibi, pasar del hábito en el acceso exterior del bénnedy de espuma a polvo de veces y gustos intensos y decisiones que destacan por la delicadez del dulce constante en lo que respetan las arenas y anguinas y notécana en la tabla del escuadrón de patatama en violeta de tolas en yoyó que apartan las pasiones de la mejora y perfumes y revertido pensamientos en nada peca empalagando la permeabilidad del mustio muslito del pianista o la aparición de los sumergidos que torcían el torcaz del névico nicho de nicotina y devasivo que no conoce el domandove lobo de robo enterrado en sal y más salud que las máscaras de imitación vulgar y boca de amante que amaraña las ositas, después del ciclo fértil en prodigios y abandonos y pistas espaciales a los paquetes del tendón y casi pus, dispreso, estimulando el fragón de hierba alta y dictaduras sexuales y sociales, y rotas atemporalmente como gomas podridas desde el goce de nuevas joyas y retos y poderíos y pedos de luz que no facilitan las historias sin tiempo ni humedad, ni vista, ni magas ahuecando el salto de cama, las mortajas, los bullantes cálculos adictos a tumbas y paradigmas de baile y mapuches hendidos a la cal de marginación y miedos vendidos como seguridades y sugerencias o cálculos latiendo en silencio con la mueca y los rulos plateados de candé, de las extrañas lágrimas de la leyenda a pesar de los nudillos de espuma y almendras con la mezcla de los lazos urbanos y el riel de voz, y las risas, y las hojas de algún hueco postal cerrando el no acuerdo del soplo en el lugar entelado de la estupidez obnubilada de la excusa sobrevalorada en transformación del proveo de la memoria tránsfuga, o del punto de la bola o el berrinche de fizrifs hacia la amplia e inquieta escarcha de sugestión y otro préstamo de distancias y nuevas soledades de las partidas de siempre que se acompasan con la discapacidad del ocaso sin cortinas ni abrazos ni el afecto amanecido con aliños de ingeniero agrónomo de lo que no hablan los condicionamientos del regreso de cantos de la calidez de cocina admirando tras áreas de docencia y años de resultados rondando la serenidad que desconoce la pegada fantasma del apalabrado e ignorado plan rebelde justo para lisonjear fines de pronto.

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