Ir al contenido principal

Próndaro

Foisto, cornisas lentas en cada plato absorto, que envuelve situado en las doblas que siguen creciendo y llegando al súbito terreno que llena el racimo de la última alma del innumerable inclinado, que emerge hembra, sólo guardando aquella tinta gris y feroz, inclinada a la constante mirada fría del mirlo dirigido a cada calendario lunar, a cada amargo repentino que sujeta el atajo de parir debajo el dibujo que superpone la boca con la vagina acechada con los achaques del perfume viejo de silencios y malhumores y humos vivos, de la instantánea estrofa que elige acariciar los tetos del picor del movimiento de la saliva de fruta madura y el jugo de la esperanza mayormente que se entremete por las pausas, de papusas ardientes en los pellizcos de la química que pega la higiene del molinillo de café, y los olores de verano, de las luces del tierno despertar de aquella infancia ya sin trono ni sexo absolutivo para la resolución de estados y estampidas de toros y delincuencias y pródanos deaquellas praderas obsoletas que no conjugan con ningún resto de índigas y extrañas trituraciones del bulle silencioso que busca el ruido caro y las amapolas con anillo de maceta y efervescencia guardada en la guardia, en la derrería de las cuadras de las porcinas que se usan para disernir el cambio, las polentas con abrigos de lunas y amarantas y dedales de hematites y primeros auxilios.    

Comentarios