Frisón, todo Moscú, el otro adelantando la correa, las zarevnas emperifolladas de grasa terina, compactas mezclas diferentes de sangres adelantadas, morfinas, barcos, nodrizas crépitas de dos mujik, vaselina a pan, viagra, aceite de arándanos secos, y botas de tafilete entolados por tupidos y negros bosques tupines solo a veces como hollines a máquinas y mesas y juguetes de crío rozando la corbata despectiva, soñolienta, a oscuras de humedades y voces de rinoceronte amargo a la hora de la fangada fatiga, de los gramos de la mala suerte como otros hijos no muy seguros en manos del yo que sé de diputación inocente, callada, juan marsé, y por si fuera mamá tuteada por la escenita del baño ronroneado; el cuchillo fuerte y compacto de cada piso, de cada bombacha limpia o recién usada de la vecinita en el aparador de Montevideo sin camelos ni bebelos la nutell ni el nesquik en polvo que sopla estúpidamente la vuelta hacia atrás dejando el bolsillo en el dormitorio de la nada de aquellos musl...