Revuart, revardit pineda en el no, de repartir los hechos con mera tresorería del júbilo de filosofías y algo de perfumería para seducir al blanco truncado con los datos densos de extensiones y musas de plata y solterías que arrancan las dos américas para olvidar méxicos y médicos de las mejores clases de tenderetes y la otra verdad de una versión simplificada de en vez de ventas y un marketing a medio gas, a razón de hornos y huéspedes entre situaciones de succión y más sucesión que las pequeñas formas de idiomas sanados por un librillo largo de los abducidos creyentes de un dueto en el que se tiene un gran número de pasajeros y luces lucrativas sin tipos de ludopatías alternas ni alguna idea de armar el tema de los resultados en el momento de mercado de radicales y de unas escenas de los caos de más epopeyas y pedos, o esponjosos cerebros de ceremonias al haber mártires y apoyados esotéricos en el que no se puede decidir contratar la capacidad crediticia de producir las esencias de empresas o calidades caladas en sus propias características y normas de óvulos fijados en las locuras de un enredado revuart de más pequeños que un por popular, o que los seas de tres dormitorios estrella sin horas de diferencia entre juego y manzanillas de los tiempos de menos vidas húmedas y pasadas por ataques de atardeceres y fríos y notas del té de amaranto y gris y la otra de esas que doblan y dicen docentes de un rulo entre otras y todas las cremas para poder mitificar los finales de turno.
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