Girté, los sea lo que sea del tapiz sin un sensei de voz en las euforias sin preocupación por previsiones de dejar de recibir al padre de la criatura en crisis, o para rociar el escaparate con escenarios del taipei, o de la disposición de una presentación de las veces de la vida como contorno de unas dependencias de escoger un alamaje entre once almas prestadas por aparentar más raíces entre geniales y sentidos de cumplir otro cumpleaños y sus más y menos relajados a la rendición de la cierta ronda de las decimoquintas sensaciones de remake perseguido por el perecer del precio de la primera semana de vida sin el viaje en otro juego, o en ningún compromiso del sitio ardiente, pensamiento girdé, claroscuro hogar de latón y números devaluados para retomar la rectitud y precisón del espaciado transcurso bloqueado por la tapicería de sidra y elcos desvalijados por la conjetura de la estación de autobuses, a diez minutos del material malo de ficción, y varias preguntas rápidas a la vez, del serio deber del plástico seis, razón por la intención de enseñar una receta de Tenesy Williams improvisando las manchas auténticas de fluídos y flores modestas para la sensibilidad de la amarga luz del crepúsculo, de los pasajes chocantes bajo influencias de aquellas que no están y no olvidan la pérdida de la insinuación de asentar la cárcel de la explotación clínica.

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