Hasnesgan, nessen en el no sé, ni si querrá ser la carroña, los restos de comodidad que aúllan por los trozos de hiel, y las repeticiones del giravuelo con cotonetes y nubes de citronella y el gabán, y otro trozo de mantecol que aparece para untar el delirio y entrar, y salir a saludar, a marcar otro cerebro humano a la plancha entre caladas marrones y copias que caen redondas de la pronta entre espejismos y galgos y porongas de aquél pez mordedor de todo, y los complejos miradores de hacsau, y los desodorantes antitranspirables y las gaseosas y los últimos me dice y los próximos me dirá que no, que se hará la difícil, la isquemia de espaldas, entregando la sangre al meloso soslayo de la manduca entre aperitivo y margaritas de Pascualina y vistas atrás con la arenilla de la posición fetal y los toros platicando sobre el plano del otro lado del charco, o de las voces sin sentido chupando el diazepam por si vuelve a pasar el caramelo y se queda agarrando el feto envuelto en una mortaja y digiriendo las estrofas de la canción augurada en la concepción de imaginar que la Beta HCG te habla de la Alfafetoproteína y te cuenta la relación con el primero de mayo y el hacsau, y aquellas vírgenes de cera y escuetas sensaciones de no facilidades en el poder que se lo hecha todo en las espaldas incluso los bocadillos de croquetas y macarrones dorados y difíciles de acabar con el vermut azul de litro, y color párrafo de gous entrometido con catorce tropas del subido engreído con fierros y festos y aros y estos chándales eróticos intercambiables con las jugarretas sin el nombre de lo que provocará el próximo caos y que no servirá para equilibrar las manijas del tricémbalo de otra celestial obliqua con pitidos en el cerebro y cambios de neuronas y atracos con arma blanca y coulís de eternidades respirando al hombro, al cruce del próximo roce.

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