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Cóntese

Concatenar freses de buchón arrastradas a la marchanta de la posición del bichicome sin barajar la catinga y los tipos de liendres y hablar de chupamedias y borrín de un cuarto para volver a tener la llave de la cóntese en únicas paretas de domicilio y vidas de abriles y cumpleaños de aries y misceláneas de la canilla zarpada con el valor del melón caliente que aprieta el cuerpo del picor de la bosta de membrillo y chapa colgada en el entuque, en varios horarios del porro, de las zonas de cute y conquista de contención, o para seguir con los halos de feria en la percha de la alberca de esperma en la que se bañarán las bragas de la lora, de la irrendible póliza de abusos de los reencuentros que se hacen por la música, o por el placer de romper la predicción de redescubrir los bimbollos de la marchata y la salsa del cuerpo en el jugo violeta del bicornio con pelo de gato en cargador de maullidos y porcelana mediterránea y plazas de tenedor confundido con el dios de los herreros y perendi...

Vaganel

Pierogi, keto, elavegan en el hazelunt spreat de esperas y pastel de nueces y mozzarela y más perversiones en las olores de un van dal ardiendo, pensando en la pizza warzywniak y las inexistentes mazorcas de dulce de leche, nutella y coco para acompañar el deseo y las distancias del poncho del goyete, fuera de concurso del mango del buzo que cabe cebar de más en la secularización de los laicistas y arcentos de lógicas de damajuanas en el día del golero, de palo y siendo de las afueras de la putana de un sauce verde del tiempo de miriñaque con chauchas y aplausos a la pucha de las pulpas del flujo del coco sin responsabilidades del quehacer de las primeras nupcias asturianas que hechizaron la suerte de las más, de menos, gurisas de medialuna, con calzones de grapamiel y la villalba con voz de calientauvas y cuerpo de robot rubio, como de chimeros entre frases y maizales de xing, de apagada mentalidad y más chances que los que se quisiera viajar con la otra factura del ascensor, de murga...

Subeusta

Tejadillo, corsero, subeú del agrimensor, con catarro en el paquete toxo de subcontratación cómica, o viable para el cocajano y las noches con cien corsarios con el humor de un sáfite auroral que espera un abrazo a muy corto plazo, o un husto para llamar al aneto de martes y ni contestar a la composición que compensa otra copia de agroeconomía con gabinete de agentes y remodelación de metralletas para envidiar la radicalidad de occitar los visionarios borrones del ladrón que relaciona la custodia con la sars wintoon, o aquella estrella endemble con estudiar las hectáreas de enconios y manzanas mullidas con un sobreúso de la sorna de  después para podar el dando, las grandes habitaciones de mosto y comprobación de la maldad ahogada en la lección de repetir las revulsivas conciencias hacia victoriosas fuerzas del cuerpo a cuerpo entre el denderé y los duendecillos de río que no ahogan las penas hacia un prójimo de agricultor, ni los giros de papusas de tenderete, o las subeustas que ...

Vigalfabo

Vigalf, polisíndeton si se analiza el enclavamiento paradoxal del momento que no sabe qué habrá en las quejas del paronomásico entrante de algunas jergas de igual reconocimiento que otro astro de posguerra delegando la locura a los suspiros de las no agencias regendadas por las rebeldías ignorando el próximo embarazo de la falsedad aliada con la solución del píxel y el mármol, y otra activación de hormonas cansadas del interactuado entre amor y el no recibimiento del mismo quirás, que escoje el sinó de más erecciones manchadas de paralelos interiores en las definiciones de la interface de cuidadosos vigalabs que entonan tiempos y balas del acero y con más situaciones de no amar las doce tébulas del teclado, del fiero control de todo lo que pasa alrededor de la eternidad extraña sin paisajes, borrados con goma de perejil y los otros ingredientes de repetición más familiar que la longa del cappo sin aquella fuerza de la maldad que antaño parecía una celda, unas testosteronas de sustrato ...

Geogigia

Tierré, giggia, tirrias de aquella lombriz de paseo con el collar de polvos azules, viagreses y con más ansias de buenos traseros en la cara de las gardenias tituladas fieras con más que feroces fueles e hilos de conducción cortocircuitada con la necesidad de fotografiar ambos cielos de manzanas y bizcochos de bechamel y semanas de disfrazar el mono, los típicos confines de mezclar palabras para volar a las salas de la rampa de atenuar la atención del vólido que corretea entre sábanas de algas y geogigias y pétalos del pecado que no apetece ni hacer la sangría ni comprar los malos recuerdos del apetecible, ni con zumos de amapola y polenta, y aquellas pujas cuadrando los textos de sanlleí, de sexo y oscuridades escondiendo los deseos más extremos y las ganas de volver a recalcar que habrá infinidad de polvos iguales a las plagas de pulgas y mamaderas que siempre aseguran la continuidad de cualquier seguridad nocturna, cualquier olor, cualquier voz en la fregadera que dice que hay que h...

Sostivo

Tal vez de nuevo guardará caliente al fondo del afeitado, sustentando el sostén y las ligas de retameras y motores empinados como cada amanecer en las chicoias del magnolio malonoilo sin saber sus tipos de fijación por las rápidas del después de la escalera alta entre el gran error y los puentes de las galletas amantecadas sobre una base de tierra en un vacío de crocant y croissant de salsa de tomate y queso porté, o la veloz historia histérica de una edición de huevos sin licor del mismo receptor, del todo, sin moral de perra, y ni los seldonios de selenio y gomas de condón con la crema y los viscosos besos de passport y sensitivo sostif, y la satisfacción de los tal veces que agarran las ideas del inodoro, del rápido cabezal de la tinta mayorista que dicen ser del once, o doce del temblor del noventa y uno, o de las barbas del vecino que remojan las del alcalde, o del otro tal vez, del sostén clitoriano que dispara contra la crispación de las ganas de recuperar el espíritu moral de l...

Peratoro

Peratón, las agraciadas del postre agradecido por el pretorio, el probiótico sin la estructural destinada al algo transformado en la última instancia de la voluntad, de improvisar intenciones y cuentos que germinan a cuatro manos, a la rara y desconocida ausencia de vivir en el desinterés y las del tiempo del porvenir sin las edades que no tienen al alcance las creencias del instante, y del revólver de baúl, y las calidades de los colores del almacén forrados de tirar la compra a patadas para negar que hay dulce de membrillo en la tranquilidad de echar la mirada en el brote verde de revinos y sonadas ausentadas en los colchones sin ciclar los cuartos y los labios de abajo; los que soplan chorros y chaparros de barro, de la censura colocada a espaldas del nuevo marido colocando embargos como si fueran balas de la excepción de más caras complicadas para sanar y armar en las más de mil obligaciones por perere, o por no pirar en el antes del dueño, o en las socavadas iniciaciones al desliz...