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Emfiteúsi

Contención, las viejas glorias, el enfiteúsi satinado similar al celo salvaje de la moviola, el parén, el wateke recogiendo semejanzas y engendros de testosterona y excitantes artificiales para cotizar el lado citado al margen fugaz, deteriorado en la manía y abrive cualquier manjar de racimos de araucarias y las glándulas del equilibrio hasta el pero no de la desgracia que lo entretiene sin confesar el castrado del vaivén, nossa siendo nenhuma, vontade, maneras del psiquiatra para las cosas del maquillaje con diazepan y anillos viudos y nidos de nós con el vos siempre cambiando el frasco y la fotografía de la estupidez maldita, de médicas culpas y no sé que más toda boba reclamando hacerse la ciclotímica para tener sexo con un carajo de diez canela y un, y dos, y tres, algo acá tomándole la vejiga para comer como un trozo de fideuá penetrado por el colador y el tocómetro de traseros y vaginas artificiales deleitando el homenaje para soportar la soledad entre tanto garabato de mujeres abanicadas con el acento atento a las noches que nunca acaban y van de puerta a puerta entretenidas, buscando pan y cáscaras de algo para el forniqueo y soportar cada hospital del convivir con la rota de noviembre silente, y una buena base de apuros en la razón de la caricatura de cada recoveco rococó, guardián del grupo encargado del garageo que ata cada grito desde las tripas quebrajándose por el armario de las culpas, medios meses derivando al loco por todolo del otro inscrito en el norte del esque final, del puro limpialunas burgués, volá, a metsé, la estipula la madriguera trébula, la pérdida del peso y el verador de fusiones que etiqueta el quizás de la esclavitud sin señales en la suplantación del nombre antiguo, ocre, azar que se disfraza de nada para parecer destilado donde suspira la húmeda distancia del óxido del cadáver, hacia los pasos de la amputación.

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