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Pufidastica

Mil ellas, detrás de ella, del ponme zapatitos vaporosas también a calentar la leche light con los cachumbos de la vía pública susurrando a la almohada heredera de la carpa de malla espolvoreada en los espectáculos de preguntas y papeleo y sinusitis y tabernas en carnes de amor y de víchí a halagos esperando en el espléndido bastón para la izquierda a tientas breves con el menú del día para recompnerse otra vez de la cadena hacia el pasado de las ornamentales vergas y guiñas guirnaldas de tiras de rumor y plumón del domingo del mes, de la tarde suspendida en vecinos y vientres vacíos, gachos, sin algún apoyo acto seguido, anciano que tantea el raíl sobre la masturbación y otro error devanéus adoquinado en el barro de testimonio mudo y rudo contaminado del apenas mucho tiempo en riel del eran, del cambio de edad y dislates carnosos y untuosos en la curba lógica de las borlas panza arriba, las de esta tramoya en vías muertas y risibles a punto de asomar en la escena la ansiedad insistente; la família que llama a la puerta con la bombacha puesta para seducir cada solayo urín, desde el pretérito sanamente tencionado transtorno de tullida fuerza para tales ratos en la cama con la aguja y la naranja y los caprichos bruscos y el matarratas por caducar y entretener la queja de los ratos de gallardas y flaquezas en suspenso grosero y en lo alto lívidos carajillos y solapas y arreces de tarde rescatados de la miseria y alzados en los visados camuflados entre perfumes y piojos de quincalla en la cajetilla que se reparte por la sigilosa espera.

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