Rogentos sotos de cal, la coma arrugando la narración con pincel agudo y más colorido de lo que cuenta el favor criticado y la tos psicologística sobre algo que reseda el pirincho en tandas, y pueblos y torturas de la fé del portavoz yerto en el sólo voy, en el tieso partícipe de la donación comemienda y lavada con el prefiero roto, sin el caído pués de excusas traidoras y eterna ascua de sangre y cárdenos del dentro, de la túrbia lejanía de cada corcel hacia el dadá de rugidos y cementerios del mismo sándano, de la sábana ahorcada en las unificadas trenzas atentas a cientos de conceptos imprescindibles para jugar con la espuma blanca y el dulce de leche, y el satín, y la bombacha del grito de pluma, del multiorgasmo en la barranca sin adornos de la enferma del sabor que cae en el ejército marchito, en el trombo de engañar hacia la red, hacia el fiero fuerte, hacia el gol de los poemas de cada pierna lesionada, de cada parálisis que aprende a ganar en la entrega de la consiga del cariño mútuo, alterado por el desesperar regado, como el volupto de los pupilos planes de favoritismos y oler el nosotros, el concepto de família y noches y charlas y virundelas sentadas en el día de las controversias a las preguntas de sentir la lluvia y el beso negro de sorna y marihuana hacia el obligado pensamiento de desconfianza acompañado por cada fracaso, cada ridículo del diminuto broto tímido de respuestas en blanco y girasoles en punticas de la hova, de la banda sonora del galope, tarareado por el éxito sin tráfico, candil, cándido lamento del como siempre, en puesto privilegiado de cada carreta y el aparecer humilde para la asfixia que ostenta la humedad, caliente del pubis calculado, exacto, dulcísimo; y la gota de copla en la multicara de la tinta a un paso de la dueña con alas de papel.

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