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Epizootía

Ácidos de epistafinos y epitafios y jengibres de roca amantecados que suenan como águilas que desdibujan otros rumbos impenetrables por la mala magia del cúpulo temor del hubiese hablar del hándicap, de la mamadera de noche con poché y tentáculos del saxo que borra y llena claves de sol y el solo aferrado al roce, a la dulce carcasa del adelanto de la tormenta que pierde la enamorada rosa en el instante de caídas en picado para esperar la consciencia que endulza el cardió corrido, el cese de inmediato del abrazo que no cabe en el oso, en el franco olor del favor que no confía en la herencia anjuta, enojada con los niños delfín que se estrellan con las pocas explicaciones queridas por las pandoras y sus horas de vaivén y neuras que acostumbran a no copular con el ojo que lanza un dildo por las listas inglesas de las abiertas para piafar los tangos y mambos de ensilladas coartadas sin el lento embarazo de latidos y bocas de terneros y fe de insistencias graduándolas para repetir el éxito de los capitanes ilustrados con los nombres usados como objetos para aprovechar el nuevo esbozo de derrumbe, inyectado directamente al cerebro roto por la pura necesidad de la buena marcha superior que oculta algo de debéritos y decibelios de carcoma del amor completo que vuela por las apalabradas nupcias del cuerpecito de dos súbilos como la luz de aparte de posibilidades del derrochar las palas en pintura y tintel de dos irracionales dando penumbras de ramas y modificaciones del gradito de menos bicos a la cama con cada rigatone negro de vistas cansadas en el pavimento de ruidos vaginales y flujos masturbadores de ventas en cada monstruo de talías y porqués de anormales vartas y varitas de basura y violetas de eslavos en el dile, con el fuerte amor de la estúpida promise y otro bico de aniversario y piquillos a querer el alé confundido por el poco de todo, del plan de empresarios que respiran el satín empapado de leche y encanto y la epizootía en cambio del mantecol y la pija en cambio de la colita en la cara de ausencias y sopas de pomelo con fideos y arándanos caramelizados para la cárcel sin cariño que usa la lluvia como razáo en rastas y nombres de las cosas difíciles y acumulables que llegan con el closet con mayor amenaza de portuar el pórtico y las dientecillas de marfil de rata y caminos fumando en el final del nunca, del precipicio de cada prepucio de caramelo, de cada golosina de papel de azufre y miradas humanas arriba del tefló de enzimas y marcocosmos.

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