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Oddlócie

Regalos en braille, incertidumbres con la llave puntiaguda dentro de las falsas distantes para el sexo que cuesta sentimientos de juego delante otro poema sin contestar la psicótica para probar la posibilidad la exactitud de los campos electromagnéticos y las dosis de exactitud de los constantes éramos, sin la importancia extrema del ahora y ni los entrepielados inspoprtables de atrasos y astros y dolorosas morras a velas de la reputación, a dos ropas incómodas de archimboldo, o más zarzuela que en los típicos condones de cuadro para no volver a amar ni volar a follar, a oler las migajas del oddló, de los que mueven el luego o el nada que ver con el vaquero y el látigo de noche debajo el mordible de la madraza macana y falta de camas o suegras, o amores cagados al manejar la minusvalía, la dulce silla chillando y botando para hablar de hijos guardados en el cerebro y leches y biberones y posesión de playboy ámbar nupcias con las mamadas coleccionadas que ya saludan al postre dulce como si fuesen una dulcinea regalando más marrones musulmanes o asturianos, o mexicanos, o de la tierra del dos mil, o de la curación de sermones con moscas y papas en otro desinfectado pepe sin taxi, ni el cuerpo de la cortina, ni el flashback hacia otros intereses del fin del capítulo o de la hipótesis de volver con un traje de contactos y lino blanco y olas, y días para amar y hablar con ruidos de adentro, de tres adeptas a la pequeña pero complejísima profecía de recrear el orgullo que habita pendiente de construir el lecho sin las diferentes direcciones del morbo de la cantidad y justamente con el vocablo frugal de fragatas y motricidad a utilizar con la imprenta podrida en la reminiscencia del crítico y sugerente tal marciano que a veces saluda con el solsticio del rencor abierto a los palos que airean la clorofila del fuego de éleison con el fondo para purificar y emigrar entre las peludas buenas noches y el hito adusto del satín que roza el sí de la avenida cero.

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