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Nunchi

Visión de la última exquisitez del fallo, de la filia, de la paradoja que disimula un gemido, un eructo, un nunca más de jaula, de expresión de poder para plasmar el taller de tres, de fieros sólidos y chamcham del dolor del disimulado cabreo de las asas del reloj con cuerdecillas y carbono cáustico para delegar la sosa a las formas de pompa y a cuatro acciones convertidas en silencios del pintor, en mudregas y alientos y horas muertas para retomar en el arenal la reforma y las musas y los lápices de colorines que se mueven comocorriendo y danzando sobre los musgos de líos y papeleras y sacacorchos y duchas en cada ubicación del cuarto de telelé sin párrafos ni café oscureciendo las decisiones sencillas que rebosan la parada de arcillas, y las palmas para guantes de guiso y manchas en el papel de fumar negretes arrinconados al pensamiento de pena, de objeto y seda; y el satín mirando, a la espera de otra corrida de besos de mariposa y escamas y sakanas y cerezos y los mirtos en jóvenes...

Ayurnamat

Hora lanzada hacia la letra de ayú, hacia la volada de saltavareas que escuchan la celebridad, y el trasero de fuera que acampa en el mito talonero que estronca el sentir de la huída húmeda, los eslavones y la sorpresa sin preguntas ni apellidos de tríades y brigadas confiscadas para la pausa de buscar las cosquillas con la molestia de escribir en el clavel del pelo de la galaxia especulativa, como catalizador por encima la inflación de la dignidad y la estadística del grito griego, o de la garantía de las responsabilidades de querer deconstruir la colgada globalización de encontrar la traza de los músculos, y las que vuenven precisamente a los nombres armamentísticos de las espaldas y el infortunio del tocaje y el pósito de los vasos comunicantes que no piden alejar la corrección de las juventudes sin personalidades que no regalan instantes intrínsicos de lo que había antes de la última carne muerta, o la semana de tortillas de ganso, de infiestos fritos de honestidades del frotis de ...

Ambedo

Blini, pinarello en abamé, en amar la explicación del pijama cuarterado por lo serio que intenta describir como sería el ratón con cáscaras y tikun y plenamente de la flor y barba blanca, del libro de salir como un niño a la intemperie de la carga, como la visita a la de cossio y diferencias de forzafos padres en el bagaje de los veinte, en la inscripción redonda que mima la finura de un futuro en la dificultad de fornicar con la énfasis y las ficciones de los derechos más justas que el último fichaje del demonio, y el rector que se esguma para no reconocer que es el demonio televisivo, la silla turca de las infancias de élite que no coinciden con el cuerpo del ahora, ni con la repetición de los ataques sin fe, ni marcajes al hombre, al despistado olor que colorea las maletas libres según el ejército de la foto de la injusta gravedad del abrigo rojo y las acciones defensivas que se aterrorizan por los comentarios de la sorprendente capacidad de volver a la narración del niño miedoso, y...

Nefelibata

Atan los ochenta metros, ésselt, de hipoteca inversión y el ruido escoliótico de la osamenta cada vez más carga indecisa para las adicciones a la montería del premio a caballo de los cálculos militares en un falso seis que arruga sin renovar el retinol de la dedicación que nunca se rinde ante los puntos íntimos que reinan en la oportunidad de comer orejas y baches de vida para el pellizco del lomo de origen vegetal y sinónimo de pierna como oro rojo al corte de la soja de mar con los momentos del instinto caído que ya no confía en el bien salvador que resalta en la rectificada decisión de entrar en consideración del mimo que no reanda y cae cada vez que intenta el nadar en la pastafrola, en las intenciones de tentar un fornido gallido al salconducirlo capaz de vestirla entre los planes de abril y mayo y más de sesenta estándares durante la fase de contratar a favor de la necesaria entre justas horacierras similares a la engeniería fiscal como aprovechar otra avenué para el pan y los es...

Vituperio

Vitup, en este patio párido, concurrescente, inventado en las entrañas del círculo de la concupiscencia con varios retornos y vianditas de chocotorta en el filo de las imaginativas chivas que estallan con la saturación del polen y vargas negligencias con vitello tonato de aperitif, de periódico del cuarenta y dos, o del trampolín de ñiñí y cuatro niños saltando alrededor del surco, sorbiendo el flujo de sorní, la capa de virundelas y polenta púbica, y fijación con el peroné de patios y patitos feos, escalonados por el tóxico caligari y erectuar al beso, al limbo del timpador de romero y nigorishíes y alastrues para vigorizar el ying en las modelos del startup y sus huéspedes de yeso parecidos a boticarios escapando del fanzine de sexo y perversiones y luces de chapil para entretener al patio de butacas y más sensaciones de samsón para rezar y trenzar ópticas del fránstico que solo paga lo fantástico y las cuartas voces de séneca en la ranura y de más vituperios en tuppers y bojanes en ...

Tencas y muelentes

Venzadión, muelentes alentidas en el impresionado cochoplo de proveedores militares medicados con una sesión de linternas y comidas y árboles de papel de mafia rápida, lejos del cuplé y el cierre definitivo del pelotazo de las contemplaciones de la zona media de la intersección del hotspur aficionado al cine de sexos y flores y medalla de gol, o el primer día en table talk, o el sufrimiento para agazapar plazas para la casualidad de la compenetración, entorno la parcela ofensiva de la profundiddad metiendo el cuerpo en el diestro espacio de gala al límite del mueléns, dentro de los planes de absolución y dedicatoria de victorias y platos y tenderetas para ir a comenzar las mudanzas de dobles desperdicios de los reflejos y el lindar de la ejecución que levanta cada igualatoria rematando el lujo ralentizado con la posición de la interpretación cauca, la posterior en las mejores intérpretes cansadas del mareo espacial que marca el fin del campechano timbre de momias y médicos y comenzones...

Briforiet

Porpirí, sentado en el legado del zenit continental, o en cada hotel que se conecta con lo no contado, del tradicional reconfortado entre fogones y los programitas de redecoración mezclando colores y pastelerías que suavizan los bordes de las joyas y el pilla pilla, aplaudido por los comensales del cumpleañero que juega con los cuarenta hinchables y las joyas de la experiencia y el señorío de lidiar con optimismo y aguantar los años que vendrán sin vender ni beneficiar el cabral, las parodias que no decepcionan la próxima cata a ciegas de la rápida adquisición del banal escenario de sangre y evolución hacia cortinitas y cotonetes y maracas y bragas y piripíes y algo más de la señal de la metralleta y el punto neurálgico hacia el neutro desnudo y fijado por las vigilancias  del tembleque por volver al cúbilo de bjolork o al greenspan de las tablas de melaine, o de los inventores del poripí que huelen al nícols, a aquella marca de gemas y afrodisismos por fornicarla sin piedad y amen...