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Regerebreh

Malestar, reedición, frase final del tetraplégico eslabón en eudaimonía y sofrosine, la hybrys de abrir los frenos de encrateia condescendiente con el dominio del vientre ante el morbo de los mandadores de la fricción que se dedican al basamento de la entelequia en las minigrebas de las malas cacerías del sonrosado prusiano y el aerosol de ciénagas y micrófonos y apotegmas y gemidos subrepticiamente cancelados por cada prejuicio que pudre las notas del corazón de mapache absorto al colige, algunos probando como otra fuga para desmitificar lo que queda en el paraprósilson de enfebrecidos estímulos de limpiar memonios y niños arrelados por el saco de la sensatez de charmegos y pausas en las caras del ambiente de esbozar el carrieggo, edeglé pelando la esencia con el pececillo en el comentario de la galena tocando la primaria locución, madera, escena de amnésicos en residencias de piedra y humo y cérvel que atrae tripulaciones de médicos para remolonear erfeisbúdeloscohone y las incognostibles de locución en las cortes afrancesadas como del siglo de platino y fuego embalsamado y tres terrenos más propios del referirse a la introspección de aquel surcado petimetére de vitaminas y sainetes de pluma o algo semejante a las segovianas perras de nacimiento como éolas y titulares de la satírica solemne que construye un agradable viento sólo desde la porisidad de pared de cerebro e infrarenales cépedas de antropías en el sudor de manos y ansiedades de león a la providencia insatisfecha en el derecho de la primera visita al vacuo, quien mejor habla del toisón, o un lujo de alchues y almas para cavar la succión frívola, y cual cierzo a bocanadas de rebuscadas camuflantes y luz consumida con leer el lápiz de labios y las huídas por muchas cerrajerías que pasan por el cronopio desteñido, aunque no llega otro entonces de una pieza configurada con rapsodia empatizada con viñas y ciruelas y oradas con cinta de entrega por crecer como quod hasta el llanto del paso de beber confuncios y sortijas blanquísimas hacia la perseverante incatanán, o el otro eucaliptus prístino.

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