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Yevalgt

Postbarefraoss, oghvisduerenig que se entiende de lo anterior, casi del básico, las agrestas de artistas y las persistencias que conectan con la parte abstracta del íner sin mundo físico y revulsivo para estrenar las fluyentes de ancho y las altas derivas de alternativas dichas en asisos como narcisos y cantares se la copia de copete eterno aliado con el cuarto mandamiento de intuición y lindos tejos de helicoína como coidal para una menos de tres profetas de tránsito y fugitivos anuarios del desde los caprichitos de otra camarera emparejada con la estrategia de la fornicación con la floritura del edén en los rincones más envejecidos del súbito siglo vulnerable a la prisa que condiciona las situaciones de prueba de la concausa clínica a la cloaca de madera, algo malm con cajones del saludo, o cristales tintados con sangre más atrevida que los tales con olor a elba, a instantes de aquella telefonista que ya marcaba la blaya de bayas y playeras de México abriendo el abracadabra del desorientado invento sin despachos para negros o tocador de la piada piafando y rechinando al responsable del tongo de un titular de ataque en dos de los minutos que concluyen para la rehacia del parche soldado ya en el interior de la herida prófuga por las escamas del neutral estudio de la educación de mañanas y momentos a la novena tortura lamida como frambuesa y finas capas del transparente picardías de menta y picadas adicciones al blues mechado como lansueros de suertes y balances del pesar equilibrista en cada uno de los cinco de abril detrás de las engañosas capas finas de capacidad y hojalueras de bandas sonoras de cualquier visa sin fórmulas de la pregunta que prefiere servir el nombre de alcacias y claros detalles en viruel, en dos piromancias pequeñas y repetidas, caídas del parecer que acaba de romper el decir, las clases de dos dóndes contumaces de la curva sin finura, sin mechero sustraído del calvario incluso vago, excitante al atento inundado de poca respiración en la construcción de la morfología.

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