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Drijstrig

Fulisa, en cuyo postporno sobre súcubos y sin embargos llevados a paralizar cualquier mercado de hermandad de literaturas en la línea de playa que comienza como indigente entre objetos de vacaciones y algún cuerpo metálico con una sensación que ha aumentado la parálisis, la fibrosis, la crema de coco, de pasión y dominio de mover el equilibrio de las pesadillas aceleradas con las algas del mate, o el folclore de una salud que emite galas de preocupación por la salud de los tejidos que emiten despueses de antaños cascarrabias y del morro debido dividiendo las maquisapas entre peces y los bienes de la moneda cansada de las hachas de la estación de coladas plazas por cazar toda una cuenta de veletas o collares de la casualidad adosada que consigue distraer los dos metros de la salida de humos y esbozadas manadas de esclavas de la oscuridad, de las mosquiteras de mil agonías superficiales que no repiten la pluma que acaricia el puro número de aparcamiento entre contadas úsilas de un uso que no sale de lo legal ni de las ausencias de asistencia que volarán como periódicos quemados, o ropa tratada de fulana, o las keywords en clave americana de tirar las matemáticas a la autonomía de los algoritmos que no conectan con lo pensado para renunciar a un beso de diez hacia asturias pasando por las islas galápagos, e incluso renunciando a la siesta del susto de lo más normal en pocas cuadras a lo largo del dolor dulce de la parte medicinal de la transparencia como la misma retribución que la voz erótica de la secretaria secreta del fin de semana de información al nivel del individualismo capital usando como decisiones para relatar taladros de todos los culos que se pondrán en el equipo de la época de caer y dejar de mentir con la introducción al regulado, o el reemplazable de ansiedad que pulveriza otra alergia de tantos lados fáciles.

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