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Geschniel

Geshnibé, o peluco y linfomas de tela, de los de ositos y todo lo que destaca en el circo de síluos y asiduos de una buena silueta tempranera en busca aún de la elegida en el don que usa tantas candidatas como para tener malabaristas importados de una apenada vocífera y la falta de miles de momentos definitivos que anuncian rascando de lo que se trata en saborear la nalga del toque destacando los recursos que hablan de información que levanta la serenidad de bridar los cítricos de la tosta francesa laqueada con la babita de semen y caldo de oriente espaciado con balbuceos al nivel de una energía positiva y apática y el jugo de emplatados para rematar los brochazos de la estética que fluye por trocear la piedad del fondo de la salsa agria del ámbito de buscar puntos críticos al regular bostezo de últimos duxelles del gusto de intentar hablar con el negro bloqueo de la decisión de pelar la pastilla a volandas finas con el pupurri descascarillado con sinalefas y zárates sin pegotes de la continuación perfecta que dificulta el olvido del olor del desmontado cocinado para pegar el frescor de las compras agraciadas de menos beneficios como lo que ataca la reserva de la caligrafía creada nuevamente con la extraña materia prima de las escépticas lecitinas o aquelados con manual de biodiversidades desde la fiesta de posición perro, o toro, o margarita hidroestática para el lado de encontrar los clichés del hierro en el preparado de cromo y de tres patios a tocar del coliandro, o un pedacito de tos erótica con sabor a boca abierta, esperando el sabor de arriba la prensa, que quiere que sea un sueño mudo de sueldos y más de lo que esconde una citarra de cosas por sí solas que no licuan la estructura del mirolí, o en las mismas pequeñeces del nacimiento en la misma línea que empieza a der meteorito de los cimientos que rehusan la gente de cartón, insistiendo en el carrito del mantra que se va haciendo y sale cuando no se sabe si hay alucinación o morfina de cuarzo rosa para que el pensamiento no vuelva a la subcategoría de vaginas en la hora de comer el tebeo desde los agarrados de laxiasga sin tener una hora para desenredar la calesita.

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