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Mergiette

Un pensar que invita allí, a las plácidas aucas de continuación, deitinerario reserva en el estímulo de grappa y borso en cuanto llevan la idea de robar el sexo delicado, o penetrar con la lengua en los chicles del cliché de la fe de un momento más equilibrado que las delicias de la simpleza de acariciar el corcho necesario, o en la curva, o fuera del cuero que conmueve en el nácar de la substancia alojada en la sencillez, o en un antes sin espacios para la agradabilidad reconocida por la acción, o el gusto de mirada necesaria que acciona las respuestas a las almas que cruzan los dedos a tientas para la vuelta redescubierta por las llaves a la incorporación con el instante del misericordioso hecho de hacer por llenar cada amor habitado para sentir instancias y negar con otras, con legado de relax y morisquetas de cantos al cutículo como de partes de inacabada mergiette o de nombres que permiten llegar a este presente o aquél depende de la noche y su estar con formas de creencias y entonces el cortafuegos para no reconocer con un áltio más vivo que el trozo de ciencia que saluda al aprensivo miedo al descontrol del prejuicio a la firmeza de aquel estribillo de strudels de frutas de la pasión encadenadas con un código de cuentos roncos y hambres de vengar la huída del ingreso, o la salida del calvo según como se harte de desplegar la mordida del melocotón, o el interior del halo del humo del descontento de descuentos hacia un pequeño e impropio trasero provocando colas y satines y repeticiones de cada punto para parar un vólido de mantecol, o un elevalunas o destinatarios de monitorear las posturas y los aullidos del pulso, del anillo de años místicos, o de setas para reír del dolor del paso maquetando los límites de la ilustración del contenido recordado como más de manga y píxels y partes del idioma puesto para idiota y más rollo para el relleno del tetudo postizo, como un invitado a la baja de las estructuras de vida sintéticas sin la pausa de otro nombre de fiestas y fronteras como doble página para el poder que ya no es la mandala del acceso hacia cualquier zinc inmaculado entendido como encantos de ansiedad y casi preferencias de guardia y anchos de terraza que deciden los detalles.

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