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Knagmiuj

Secretos iguales, índices integrados a la circulación de la cúrcuma hacia los de debajo los vespilés de amor hacia el geometrismo de los qués y los porqués, y las perseguidas, de más de veinte días sin minutos próximos al lado de precipicios de los recuerdos que vuelan como confeti extraído del labio sin momentos ni ladrillos ni olores a pizza, o a precocción precoz con los tangos que no volverán a saborear un muss de típicas medallas casadas con el fué de nieve y fuel y amigos de árboles del celoso helado por hacer el papel del pago falso entre vuelos y piedras preciosas y más precocción para la cansada cesárea en pompa como provocación para excitar la curva sudada mirando alrededor de las crostas como de niña girando al momento de la claridad infinita para además saldar la pajarita y el grito del pedo sin culpa de una turbulencia en la naturaleza escrita junto al escudo de otra crisálida de papusa sin objeto de admiración que completa la espermafrodita esperando el límite de afrodita jamás dibujando las armas del colchón de arcángeles intangibles casi en la alquimia del frenetismo, o en un caos que despoja el salvajismo libre de formas profundas como un elixir en la manifestación sagrada de la entrega de palacio con el que se bautiza la boca, rociada con un desparramado talismán de chucrut que no reconoce el precipicio que defiende los pulmones agotados de la ceratividad que deja la tránstasis como tempestad liviana de nervaduras y estadísticas de amariverdes a cámara lenta que dibujan copias de prólogos en el otro raspado fantasma que no burla el declive del recuerdo y la haplopelma de alcanzar al amante emancipado con proezas llenas de distancia entre la organización y los fuegos del orgasmo que liberan un vientre con el asimismo del cosmos o en el techo de preguntas presuadidas por un percance que ablanda otro vermut con limón y miel y eneldo y eneros detrás de más encierros con brazos húmedos que hablan de la larga experiencia multiplicada por risas de riños y arenas y minutos sordos.

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