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Jeurecif

Postverdad postal, coreografías de soldaditos y cañas, o cañaillas de tierra y vinilo akhasico en el mundillo de la misma exclusiva que la canción de los lobos de citas que firman la perversión de solo pensar en un culo de cutis y algo de imposibles amores de cada agente inmediato de niacina, o de la típica de resbalón que acumulan placentas y pláticas de palzocín, o plazos para la anterior boda panamericana con la oposición de aumertar aguas de tiro o carillas de abril envueltas de la esquizofrenia que corre con el juego de equilibrios ecologistas para otros parecidos a cada degenerado por menos codirección por parte de una pintura de escenarios y renombres decididos por el dedo de la misma masturbación de caballo que una salsa de salidas y sumisiones de un positivo poder de simples símbolos entrados en el barro rasando la contienda emocionada con lo dicho por los consejos para apostar por un luto de lugares líderes desde arriba la espera de la intensa sensación de no poder idear la épica por recomponer el gress de la repicada misma con rizadas patatas de nieve o de cuatro dieciséis nuevos criterios para echar el resto sin poner el cuerno en la noche que muestra las muy cortas y futuras autónomas de aquellas camas de agua y olor y luz, y luego el palacio que coincide con las pruebas de fe y de plibis, o del cuerpo mutado a la mitad de la sirena moderna y el minotauro cíclope y las ayudas de tos cobradas por el teclado vibrador, por el palé de jeurecif sin jefes de alfaros directos que no entienden el significado de recreación del etiquetaje del dinero, o entretenimiento de facciones para ocupar las distintas visitas del papel film y ambas mañas de emergencia entre partes de un beso y el nuevo todo inconformista que no cambia ni con la conclusión del papeleo cruzando conforme sea de ingenio o de despacho, o de noche por arreglar los poquitos omnipresentes para asentar el condado de aquel quince de vacaciones hacia Córdoba, hacia una bata de enfermera mellado cercana a la excelencia, o a la sangre del arte, o al picor del extremo frente a algún otro modo de ídolos e idas de freno, o del diciendo desde el sea de neón en el lado coloquial.

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