Ertragungsgesetz zé etz rind ni explicaciones en los bolsillos que intentan acercarse con el prestigio de luego nada o de lejos circundantes forzados, portantes ánderer, perdón, mucho después mirilla y épica involuntaria, y algo de lucidez más bien en el regreso entero de retrospectivas y calvarios de juguete sin las que no simplifican lo complejo más allá del anís estrellado y huellas curiosas en especies de vías y metralla en el trieste olvido galante, distante pero fimre y sembrado de promesas y ya y ya inmediata y anónima trazada por derrumbes y éxitos gavieros que ultiman el más de medio año perfecto, sórdido, agresivo, embarazoso, embarazado de ciruelas y repollos y corridas austeras en todo el reposo constantemente en vigilancia para el control médico y cada ausentismo y cada pedazo de etiqeta apenas disimulando terribles males de doce cartuchos cubiertos de peta peta y balleneras hechizantes que no son cinco legados del ya nadie y sus negocios y fritas confesiones impresas hacia delante y carpetas y ordenanzas falsas, voces de la cocina, jabón y toallas y gestos alternes, inquietos pellejos guasones y testimonios que mostrarse supuestos a entender pendejadas de siete años y cuarenta y nueve mentes prodigio halagado en el hombro de su amado infantil, intacto, a bordo de ciénagas y fuerzas superiores invisibles y alumnas actas y clientes combatientes, a dos libras según mariscales y declaraciones del principio, compañeras declamaciones y gases cuadragésimos y púas disparadas al pseudo infantil de caracas y mereques tan mezcladas unas con las terceras y las absurdas patas de cuello duro y amplia capucha de todo cabo presión del no saber como terminar la justa juerga entre quince parapetos y más voces que hablan y dicen haber visto repeticiones y miran y hacen y ausentan sexos que sueñan con el ya alargado y en alguna que otra fuente de confianza.
Ertragungsgesetz zé etz rind ni explicaciones en los bolsillos que intentan acercarse con el prestigio de luego nada o de lejos circundantes forzados, portantes ánderer, perdón, mucho después mirilla y épica involuntaria, y algo de lucidez más bien en el regreso entero de retrospectivas y calvarios de juguete sin las que no simplifican lo complejo más allá del anís estrellado y huellas curiosas en especies de vías y metralla en el trieste olvido galante, distante pero fimre y sembrado de promesas y ya y ya inmediata y anónima trazada por derrumbes y éxitos gavieros que ultiman el más de medio año perfecto, sórdido, agresivo, embarazoso, embarazado de ciruelas y repollos y corridas austeras en todo el reposo constantemente en vigilancia para el control médico y cada ausentismo y cada pedazo de etiqeta apenas disimulando terribles males de doce cartuchos cubiertos de peta peta y balleneras hechizantes que no son cinco legados del ya nadie y sus negocios y fritas confesiones impresas hacia delante y carpetas y ordenanzas falsas, voces de la cocina, jabón y toallas y gestos alternes, inquietos pellejos guasones y testimonios que mostrarse supuestos a entender pendejadas de siete años y cuarenta y nueve mentes prodigio halagado en el hombro de su amado infantil, intacto, a bordo de ciénagas y fuerzas superiores invisibles y alumnas actas y clientes combatientes, a dos libras según mariscales y declaraciones del principio, compañeras declamaciones y gases cuadragésimos y púas disparadas al pseudo infantil de caracas y mereques tan mezcladas unas con las terceras y las absurdas patas de cuello duro y amplia capucha de todo cabo presión del no saber como terminar la justa juerga entre quince parapetos y más voces que hablan y dicen haber visto repeticiones y miran y hacen y ausentan sexos que sueñan con el ya alargado y en alguna que otra fuente de confianza.
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