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Krordev

Krör, krovev únicamente hacia el dominante abrazo de miedo y hits, o casi el flamingo o la víhuela de antisilentium o diestras como se espera en las razas de los miércoles de demolición cuán dichosa traiciona al soporte de las de la calle existiendo para repetir cualquier frustración de táctil avergonzado y follando por las derrotas, los pliegues que prefieren ladear las rebeldías del trávelling hacia la claqueta del calcetín responsable del barrido real de los clarícleos que emergen con las chicas manchadas de nata e hipstenia inventada como una infección del marisco hacia un cuerpo extraño extraído del fármaco como montaña rusa de las aceleraciones de la traición que atrae la puntería de las gangas pagadas por la confianza de llevar lo fofo de llavero, lo verdoso del tiempo ido, que apenas ilumina obstinadamente el cajón de las vibraciones dispersas del juguete nuevo que no aparta tragando cárdeno trompas de cardamomo y setas que marcan las espesas empresas de sapos y hongos y horcas claustrofóbicas como absolutas huertas de alazán que llevarán la alianza hasta el rico sin grito de campanas yendo al trigésimo farewell de una madrugada llorosa de alpistes y límites de líder, y de canciones Disney que no apetecen cortadas en sangre, ni por reconocer a la exageración del sistema de viaje de la trabajada decisión de amar la entrada de la mágia en las calles de la suerte, o las fuertes apetecibles del tema del pánico de pago que perece perdido con partos ilegales y cuálos con la segunda vez, o el primer embarazo que calienta motores y motrices de meretriz son opinión sobre el odio que aparece cuando habla el ataque de archivos y bibliotecas de mar, del resto de las relaciones entre ambos botones de nariz paralelos al último cine cierto de las peores cafeterías de regate y soltapaz para defender el treinta y seis, o los que vendrán besando la repentina clave del justo gancho que raja un no quiero.

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