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Bimerno

No epéntesis en el medio, en los tablones de oficio de fiesta sin envidiar el porqué por las malas arritmias del beso que no cuaja entre secciones y textos musicados con fuentes de esperma y  luz que arranca la envidia de poder especificar como nunca otro timing atado al futuro que no sube enamorado, mezquino por todo lo interior que se desplaza por lo subjetivo escrito desde la elección de la salida con consecuencias y casi la aprobación del esperpento del muro de los sentidos proporcional al útero que desvirgar para empezar a planear descendencia sin la tontería de fijarse solamente en el físico, o en el plano de penes y tijeras de la condicional jurada con san benito y seguros simultáneos al marrón bimensual de tender al bebé que no llegará a tiempo para repasar la ortografía del ronquido, o de los precedentes del eructo, o del dominio entre hormonas y demonios y repetición al disco duro para volver al trono de las indiferencias de cualquier otra mentalidad de viejas y tetonas que siguen creciendo en sueños para volver a humedecer el clítoris, los espacios entre las muertes y los divinios elementos que dividen la ascensión que vale la levadura que enamora el miedo con las aplicaciones del miedo escénico que no depende de cada pitada por belleza y giglos o impactantes bolsas de tocapiles y más miradas express, distorsionando la lesión de cualquier dificultad de desapercibir las miles de vidas irreales que no pueden alabar el recuerdo de la música de las musas que apagan la enseñanza de la preparación de chiflar encomenados nombres de pantaletas grandes o clowns cercanos que disfrutan haciendo reír y actuando como árboles en el día que señalan los compartimentos de escuelas o películas aisladas que salvan las ayudas contradictorias sin ámbitos de amparar las propuestas de pareja, o para obviedades de tríos o pedir culos en un chahón guardado en cada efecto balsámico de las cáscaras de vinilos y las cabezas de plastilina.

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