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Colrum

Hándelskai, crucificando el sol saliente para catar entre bocas y gaitas al tomillo del bar con noche americana en toda caída de los vips apartados de la emisión de la academia en toda coordenada que desfila gateando para excitar y parecer la línea verde con censura del chullo retintín que descarta la zamba del perfume de carnaval que dura entre formas y fomentos de cemento como tulipanes y budas y arcillosos fugaces de mordidas chupando el entierro de un ocaso que no soporta los anuncios de confianzas y malícias del camino de floretes y zumos de eucarina y la misma sangre de la fantasía hacia la rosa del videojuego en casi algo de sentencia y baba como acaramelada, de una mandada de latitudes en la crosta desbocada de la merma sin aire y mucho más, y bonhomías de otros pudores sin darse a intentar asumir lo dúcil y verdadero sacrificio  de exentas en el punto de adular e interpretar gemidos de locas y ranas como alardes de despilfarros,  de correr con la pobreza perdida en los sures sin más nómina velando por cuestiones de malgastar las largas plataformas de calificación sindical en lo particular y banal de abundancia pesada, tomada como enganche del escape por abogo de la vid sin liendres ni dinero viejo de un currículum dado por la confusión de lograr olvidos de menos colrum que el ahogo de preguntas sentimentales de otra marcada con sello de gin, de tales para mejor salida de ambientada nochevieja para prevenir la bronca postvacacional que gasta un poderoso ignorante de las almas de los alimentos que sólo existen por las amordazadas soledades mal ejercidas o recibidas sin lo que radica primero por la insensatez de amar por variedad, por los sórdidos horizontes de pruebas para ejercer entre galardonados por materia de dormir vientos por lo menos súbitos, aunque no parezcan de contracturas elegidas a dedo para tratar con un sereno sin insigne, ni veces con senderos para saberse pasar de los propios días y presiones vinculadas con las cántigas.

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