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Otelacio

Moura, prata y un paladar de sube y baja, y aparicios de ratías lacias, sobrellevadas por el garro, por la costumbre de si será de día o de noche, o con las mariposas profesionistas de saber si habrá deriva de la tormenta actual, o teatro, o ninguna imaginación del entorno, sin jactar la radiación de actos más ilógicos que los vistos con los ojos de mosca, los que van directamente a poner mierda al plato, al humo del enigma, haciendo bivalente las vivas tropas de ensimismadas tristezas de comodidad y mundos cacófonos que hacen dudar de la zambullida estirpe de tanta sangre inherente y local para clarear la divinidad, la prueba del nuevo local de artistas y transehúntes fornicando con la ateológica que significa tal vez concebir acerca de dejar el lugar de nacimiento y primeros enfados y huídas de búsqueda resobible, más allá de resoplar y no ver el fin de las esclarecidas puestas en una obra de la misma imagen que la reflexión sentida hasta la unión del esencial, tentado por la paz del espíritu cansado de las características de la ley de servir, dejando al paso la torción del juego de ajedrez para torcer los planes de despacho actuando con el amor de un nuevo tabú de resaca pasajera sin ningún tipo de base de legalidad como local y más sinceras fatalidades de cabeza que se resisten a cambiar con un bruto modo de actuación sedentaria de quitar y seguir las gracias de repetir los únicos alrededor del firmamento de cada apreciado cantor de verter las almas a la base del pronunciar la escucha fatalista para el rato de trizas y timidez, quizás la inercia intentándolo todo para reactuar con las posibilidades reales de todas las faltas de indiferencia aclaradas con la marginación del esputo sangriento de rabia y fe, incluso por la paciencia del cálculo de más novias salvajes que una creeancia relativa a interferir entre las incrustaciones del quizás, intentando demostrar otra mejoría banal hacia el fracaso por soñar a la musa disfrazada de doctora de sumatorias pornográficas para mejorar el manejo de estómago y las ratas que corretean expresamente por no amanecer en los  irritables juegos vencidos.

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