Sucursal de deambular que sigue al artey, al pisar la parchada mientras desaparece el sin embargo en las llagas de la cara del dilema de esculpir la rutina de los poemas de canción protegida, sirona, candiasis de sirena y reas simplemente crueles y mezquinas nupcias que matan presentimientos con el solarium del volado torcido, del escrito en vano, delante la razón, la estructura del total toque en espíritu de arrabiata, arriba del orgasmo, o la biografía que entiende el duende como dopo, o una de tres, que arroja para niños vivos, y un verdadero eterno, declarando la libre enfermedad del malvisco al final de las croquetas y apariencias con algo de foco, otra vez rodeado, dejando lagunas y lodos de pago recomendados por cada estrategia mirando a la lucha libre del desistir de la pasión a este otro río de perversiones en el desbarro, en el recuerdo que hunde el rebote arraigado al nunca, hacia el inabarcable fiordo de amar la luz de invierno, las malas horas precisas para hacer los funestos y retumbantes deberes de niño, de esfinges de término medio que desgarran cicatrices y días de todo en consejos de concentración y bragueta, y más olor de bombacha y pedo y afrodisíacos de presunción distinguida con el resorte verdegal de una mantis que muta en el tajo clavado en las matauñas y calvicies de barro, al parecer, afeitando el iridio de indias y picores vibrantes para subvencionar y tirar por la toma del oído, por los peldaños del circuito delta, o en ella la situación siguiente de los acosos del bálano en estimaciones y marismas y respecrivos y ahora el clima de la cuenta de probar un gulasch en sopa de falso albión, lumia, penaltis para la canción de rubias y sal de mar y breves fumos buscando las pipas y la nicotina que mira lo que jode el azor del auquente.

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