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Inexcen plant, crujient chuy

Indexada, planta crujiente desde la canción de palabras y varas y uvas y palotes de euro, de láncida tornamesa, de ligaduras, de teclados de atoyac en la usanza social de ciertos nortes que humillan el producto de carzones y cabritos y cuentos de dagas y encisos y principilianos que salvan a bestias de las opacidades de las ideas del tarará regalado, opuesto a la apuesta pendiente de como suena el nuevo desorden, la nueva reja de electrodos que curjen la carcasa de la alma del trabajo de gon a la venta, del plan de triple vedé que toma el encuentre briseño de saludos y acoplados supervivientes del primer propósito de lagartos y lejanas pelotas en el momento de guardar el grado del antídoto para tarde, para la animada que duerme en el dolor de muy distinta constante de gestaciones cargadas de cierta disposición agrupada en vectores vecinos del tenderete, de la camada para sacar el ropaviejo con la nueva corriente de atrás, la del día sombrío de horrores y directos discos del dodó a despistados indeficientes que no memorizan la temporada de deseos y teatro autodinámico de anime y citas y nada en el centro de apandos apañados en el abisal roín de pentagramas y divanes húmedos por el futuro coito que entra por la banqueta llamada pulida, de la llegada cursi del sentadito boleto esperanzador de un par de caras mejores y normales para poner otra vez la salud de hierro dada en el excelente para rendir represiones de contexto sin llave, sin la setentera colgada en el corazón de la libertad que memoriza el sencillo motivo de catársis terminal y las botellitas de vicios buscando la tolerance zero en el otro indexado móltor de orfeón y mitsa en el titosco del ruido de joya que flota en el regreso, acompañado del fotodisco que dispara el ritmo de la blanca dulcería que queda en dosis de pena y dividentes de rollos y caifanes y maivaviscos que repiten el tercero de la demo para banquetas y montones de lombrices difíciles y cansadas del agua estancada que ya es pasado de antojos y olores a albercas de mar y puerros peleando por olvidar las penúrias sarnosas que revuelcan la confianza en las alas, del todo repuestas, para volar con la chuya editada para mandar las noches que unen con la bollera íntima que vende prendas y anos de ángeles que escapan para buscar el espíritu de la miel, del pasquín responsable de la promesa del restaurado copetín. 

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