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Prissé

Se pasa a riesgo, a riego y viento cogiendo la piel en concurso diseñado en piernas mecanografiadas en fisonomía neutral ampliada a base de neuras y vidrio de aquí zancado como puntero peculiar con varias torres de colores tomados de una arcilla de euforias y violines que no esconden ni necesitan las chapas del tejido base para raspar la falta de pasatiempo que preside para desintoxicar achaques y gases críticos que catan el después de encolar ensayos políglotas del demostrativo valle incluido al periquete del mercadillo ajado para reprobar raíles y dejar el esmokin en la percha de romanso rizado, siempre en la boca que transpira y canta en gozar para retratar la  región de la monta que penetra al monocolor y luego al manto del punto de luz oscuro por perspectiva y calma de un día largo o crudo que escucha lo permeable junto al sauce llorón que almacena almendras y piñones y kiwis en un rincón decadente de recuerdos para el próximo acaramelado que ya pensará en la fuerza de un futuro subastador de doscientos perezosos para el porte de corrillos riendo e ingresando para el mármol y regalar el ritmo para la trattoría del patán condicionado con la sonrisa, con talleres de juegos eróticos y algo gélido de lenguas y divas de urbe, de charcuterías dulces con vaginas y bragas en lugar de viagras y orejas que necesitan más testosterona para recorrer el negocio de las alcantarillas y los gigantes del títicum como casi el fondo del pozo que preocupa con la racha y sequías sin tiempo ni chirríos de camaleón en el interior del cupido flotante viciado de permeabilidad y techumbre en el cuello que lava las prendas simbólicas, tan alto como los rehenes de piedra en cinco arcadas sufridas en cualquier sección de prisa adaptada a cargar las tregedias y derrumbres del perfecto arrozal de dimensiones semifinalistas como juguete de tacto que se rehacen de la taquicardia con poco maquillaje o ritmo suficiente para dejar los malos humos en el qerer asfaltos para excesos inevitables, o coladeros, o desesperación relativista.

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