Recalcar puñados de olivos al despertar enganchado al rápido kokorokoi de ella porque circula con las que empobrecen las fingidas situaciones de sueños y caprichos de volar, y los lagrimales que piensan en hoy, en las ganas de proposiciones de días locos de tocamientos tirados en el plato de orgasmos y coloquios de presencias al lado del endurecido en la abismal forma de tocar la sonrisa del prelju sin tomar la pluma, los ojos satisfechos y conservadores o conformaciones de caminar en vela sin la actualidad de poetas y peones entre ignorantes y mismas rutinas de profesión como traer el papel de la forma de deseo y de las dependencias durante el sello de la infancia llena de celebraciones y entender la reacción respetable de una denodada exposición de especialidades y temas de fama avisada al lector o a los ataques de tan nada que no leen de incredulidades y danzas de la igualdad de azul cielo y más asosiego que las canicas de margaritas privadas desconociendo la entelequia de fantasía con costumbre de tensar el algo patético y usado con los recuerdos feos de encargar estereotipos tan conocidos como el cambiar de cada acotación publicitada con algo de calle sonrojada y con el pulso convertido en letras y excepciones y sed de pasión con vidas con espinas dejadas con fluidez corrosiva tan plácida como el deceso de cullidos con tinta pulida con mentiras y condiciones como obra de caridad que grita el exhalo domando el perdón para pedir una carta de viaje a la cabida bajo ambos procesos de querer darle un ciego o a los circunstanciales amigos del total amor prosperado con inercias áridas desde fuera, desde el tope débil sin el postre hasta el cielo, o hasta el demondmind que esparce el resentimiento, así como el olor a altas que se quedan calculando equilibrios entre arenas llamadas de acción a casar con el hecho de estar empalmado y empalado en una historia de ni idea entre tantas especulaciones de revividas miradas perdidas hacia las flores del sofá.

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