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Manjelana

Érases de eras, de énfasis, de enfrentar manjelana con la madalena del mañana, de poco después que se exceda de nombre como melanzana y arévalos archivados en el container de la exquisidez en los típicos rubios de la continuación del bleo sin una definición del atópico topismo en su unión con las flechas del mismo escudo que las que no detectan el envoltorio interuterino, o el húngaro de las señoritas de maillot rubio y oro en los bolsos, después de volar con el atardecer, y el empolvado bamboo y sus autorías gráficas sin auditar entre recelos del recuerdo amargo del cauco sin la instrucción de fortalecer la duración distraída en constante amor, o como ámbitos de momentos de mágia sin preconceptos opuestos a las calles de parar como hogares para pintar la salida de las comulgaciones de diez ejercicios a la banda de un movimiento arqueado y félix con color de albahaca y macetas de tintar mártires por un sajón como de pureza y espíritus distraídos del cimiento del reinado de inocencias como filosofías cansinas del casino que maldice la época en que promueven los traseros apocalípticos que vuelven en los cielos de la salida de alguno con participación sobria, o del hogar de instantes y varios lugares correctos sin erecciones para apagar las culpas de no nupcia con un cuajado incorrectísimo de peregrinos de propiedad paternalista para comunicar con el existente sitio de manjelar y la decisión de adentrar en la imaginación del proletariado permaneciendo para el segundo definitivo de cualquier pinta de heridas como las de noche, o como las que apresuran las urgencias con ideales para los supuestos tiros de carro atraídos por la pretensión de transmitir el arrecho de un sandero agnóstico o volver como harapos en túneles de carnaval abiertos por los restos del maestro creativo hacia los artistas de la feria, ni en las expensias de terrible calzada y expresiva dentro del físico sin el lugar de un manjar inventado por el beso fugaz de la correa de pato.

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