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Pehemetta

Pehemme, manteca de suzette anaranjando los zumos de otros tiempos sin consumir más amaranto y hermético cartón, o en públicos sketches de la nata en la cara de cualquier alma de afinidades coquetas del simple significado del atrevimiento sin síntomas del número dos, o las locuras de otra agotada de altos cargos como en lo que prima el periodismo, o la sentencia del furor prorrogado para vender la tortilla de feldento en la comodidad de escoger la duda del brioche como vivo privo inservible, como otro quaker de carnaval y mortajas y escarabeches de escarcha y poesía de alfil y más sensaciones de estar a las afueras del silencio que metido dentro de cubos y furias y estancamientos de meras entradas y sucias respaldadas por el genio de buchos sin el gusto del alacrán alocado que no creará tendencia para abrir la hora de abatir el cuento cruel y los biseles bisexuales y de más géneros contados que conllevan en la involución del leve exterior de aquél algo de pemé, y las comillas que abren y cierran la boca de la muñeca para aparentar que la vuelve a comer hasta saciar el chorro de merengadas y asuntos de cada perversión extrema y fantasía del único cerebrito agudo incentrado en la palabra que no existe ni en la RAE ni en cada federación férez nanino de biografías y estractos de responsabilidad como un poco de agobio social, del exacto meneo de las ruedas y pajaritas y paparajotes de silicona, o de preámbulos para hurgar en los hogares de un calidoscopio de biblioteca para hablar con las aventuras de piratas y volver a involucrar las naturalezas al librillode cuentas.       

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