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Igua

Igual de igua, de bondón pronunciando la fuente como iglú con un total de fondonismo y una recortada de calasticó y fortonón de quilos y frontones cuando el aneto más hablado, y los invitados de chucrut, de la rapidez relámpago que no revive en el acerca de todo lo que no llega a la competencia directa, y si al venir sucede lo descubierto, o faltan los alados relieves de ecos y mutaciones de igua, hacia las películas blancas y rosas con reverencias y pequeños montajes de segundos y casettes gimnastas sin rebobinar el testiguaje en pesquises o pequíes de piano y cheques para comprar tomates y petting y las ganas de volver a los sueños eróticos y de cuerpo firme como los dieciocho, diecisiete, dieciséis tipos de edad empitonadas por el grafismo de la vida actual, o de las horas que no pasan para seguir metiendo rollo descarchado, y típicas descargas sin la buena pose del olor del más allá, como los trucos de películas de noche que no entran en igua, con igualdad en el próximo palco de abaituas abultando el piñón y cada basca para descodificar a la italiana para tirar el cable y posicionar la llegada del repetidor en el espejo de cara como probador para arreglar los monólogos cómicos viendo pasar lo que no lleva a ningún jardín sordo sin lactancia de perro de aguas que no cierra sesión mordiendo lo que queda de pierna tipo jamón quedando con eme pelayo para la juerga de jergas hacia el anillo de Guiomar como precio de amigo rebajado con rebujito y dibujos de salamandras fornicando en el concepto del sandwich de muaré para los campamentos o golpecillos de plancha sin ver un futuro de órdenes con carreras paralelas que no cuaja en el suspiro sustitutivo de orgasmar las sienes y los bauche del cristín con gesto bonito que no sabe con quien le habla del último dinamismo de la vida, mejor en briefs, sin el sofá de látigos y unicornios felices en el canatábrico.      

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