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Celotipía

Ladridos del celo, del succeso receloso de una flor de haiku, o pieles de cordero en la loba que practica un discurso transversal, más complejo de traducir como la ensalada de milagros y encuestas para peyorar con las blondas que calan el bajón de la transversalidad de votantes apolíticos que limitan la negociación del freno, de las volcadas atenciones en las típicas ilustraciones de jardín y banquetas en pesados paseíllos del último ni pensar en mutar la indiferencia, las sabias que mondosonan planetas y meriendas al veredicto posteriori, al calado entremés del quinto jinete en bici y andaduras de importancia por los atrases y especialistas de los sesenta que niegan el pan, como la hora y los diferenciales de reverencias sin la herencia de las letras y la forma de descubrir algo que cambia en el interior de el ránking de volver a caer dispersado a pedazos de descuidados derroteros como roedores de primarios ámplios y roces que vuelven a beber del recuerdo de la picor del gusto recompuesto como voraces voces intoxicadas por partes del evocador semidesconocido e inquietante emocionalmente en partes de vinilo del salmón, fantaseando con el paladar de trufa y rígoles y rúculas de galletas desarrolladas por el simple menor que no ocupa la batea, las rallas del salón, del moaré, de los rincones del recuerdo que no suponen el auge de la automática presa de aquellos nudos de piel de pollo o sabores de rueda izquierda de repente, o de orto, o de regaliz de tronco tirando del firmamento de criadseros medianamente hechos con brownies y cualquier fama que mantiene la evolución que ya apetece analizar con la declaración de amor calificada como autobiografía de tres superhéroes blindados con el nombre de la pasta y del italiano y de principios alternados como montaña rusa generalmente abajo, sin las subidas de tono y letra despuntada para alguna ira de fuego y pedos y títulos tras los más de mil números del apostado valioso de sofá y un antiguo puro convertido en lapicero de tablet, de firmas y excelentes recopilatorios sublimes de potancial de dijimos que entraba por detrás, por las viñetas y el arte de vidas y orientaciones de olores a erotismos y róndeles de los polvos sin amor, sin ninguna cefalea de sonetos vulnerables que no pasan la mano para ceder el turno de mano, las inteligencias que no creen en genios huérfanos de mujeres y sémefos innegables sin el hablador ante los consejos contentos de girar y volver a volar invadiendo la pista de aterrizaje libre de asistencias extras de labios de epopeya y suplentes miradas mujeriegas sin la idea de navegar con el aguante del ver lo propicio de propinas y protecciones de la sustención paliativa de prender el adelanto.

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