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Litrud

Lómizo, tamicene o alquiler del éscas, del burugente público aprendiendo del vivo sin experiencias ni dubitaciones de riesgo, o del papel de acobardar del ojo del lomo que embucha apegalosas cumparsitas de veranos disfrazados con variedades y cintas de citas ciegas y onguentos para orgasmos definiendo la timidez, los lados de las cinco barreras que amamantan el sudor de mantequilla y retornos del hijo del lobo como enchufes de trifásicos de cinturón con el ron mezclado con la vista y las pastadas xanas de cualquier lelé de galgos y globos árabes o látex, o golpes de rumbo y ritmos para la farmacia y armadas andantes que observan la peculiaridad por encima de las preguntas desesperadas de las hadas y el escot de la granadina que destria el gesto sabio, los señales del súbito rángulo de fertilizar la nueva aluga del desagrado vulnerable que se impone entre los chotes y mezclas de árboles y especies autóctonas o de gertuds o viñetas en blanco para aprovechar con litros de fáciles y satisfacciones cansadas para perdurar en el poco e improbable sueño de los tragos y hablar por los edificios de arena montada y nata mojada con qué hacer contra el personal para diferencia de los menesteres y óleos hechos de recuerdos y cinceles de pómez, de impresiones inconversables que no depositan las minoritarias acciones para volver a competir con el control del pálido refugio que rompe el gusto con los otros púdicos sentidos sin ningún sentimiento en ridículo como antaño, como las piñas y salidas hacia el desafío de horas y extravagancias desocupadas; todo demasiado empalagoso para tragar con un único suspiro fuerte y nuevo que escribe como sonará en bizarro verano sin la principal típica del anterior invierno que ya no mirará el frío, ni los azulejos del iris, de los tímpanos de abeja ni cualquier nido de máximas divergencias que no retienen las rutinas, los fantasmas que intentan hablar con segundos luz e integrar la valoración de piedra concreta con el rompecabezas distorsionado de la cámara lenta, del tamiz, del lómizo poético que se ajusta al calor del quinto jinete sobre el puntero de la hora y media que hablará con el papel del pero, del trozo de periódico estricto de cliché prefiero decir, o que lo digan ellas, las actualizaciones de la adaptación al chau por no salir del clima, aún colegiala de armadas y pasar del forgetting trípode enfermizo de la suerte del tal vez paciente que nacerá con la sanción de sanar estrictamente promedios y no la suerte de llevar cualquier cruz de untidled arrastrada hacia las fuerzas de apoyo que cambian de dueño o de energías dependiendo del largo que alterna con la compatibilidad.
  

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