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Tildjut

Cosas más horrendas, crujidas, para hacer posible las inocencias del peso crúcijo, de los cien últimos polvos mojados en vida cambría, de métre en habitación y vuelta al métre, sin el error que sea árabe, estrellada desde un punto final, unas miles de horas irreales, y milésimas para plantar los datos de expulsión sin mantener el hasta siempre del juego favorito del acontecer extrañado de que sea tan tarde y se lame a salado, a linfa sin tobillos del azar, a atardeceres físicos, sólo para valientes y sin cargar la bienvenida de la humildad hacia las afueras del bándilo que despega un cambio natural de matar un ínfimo abril, o tres carretas de sacos de alfalfa, o semáforos de neón rojo, o crudités de deformidades de mentros o entres o metros de cobijadas astucias o intimidación de materia dispersa o locales transformados en seguir con las lapiceras u otro porqué de la boca logopeda, del tintero rubio, de las mírdals, de las pequeñas armas de duermevelas hechadas para olvidar cada corte asociada a las primaveras de mil pies aperturistas que no notan negruras de futuro, de afrodisíaco. como unas efemérides del día de culos y cuentitos que acercan al cuerpo después de la importancia de tratar la pena embellecida con la cercanía de la fiera que haría en tardar los antebrazos sin miedo interminable de incumplir con los conjuros de quesos y fruta a falta del punto de plus con tal de no interrumpir al picaporte azotador de babas y salinas de un picaporte siempre callado y visto por la sororidad de tanto zumbo que intenta otros ligues valorados por cualquier punto de transformar la mirada en tacto, en recreativos vínculos que analizan sueños pesados para las alas rotas en cada orilla de la imaginación de otra arruga de aguacero que saca otro reposo forzado, otro hipnótico autoflagelo, otro encuentro entumecido por cientos de conversaciones sin esperar semipresencias del lado de escribir posmodernidades en cuanto algo aéreo y poco asequible en cuanto cualquier emoción de la frase favorita en fases de releer la emoción del que dibuja sin pausas de disonancia pensando en papusas y lobos como elocuencias que siguen en el anhelo de lunares tallados por la norma de la piel de los rojos impositivos.

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