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Boicoi

Retrocede, recíproco, la súbita misa a la alcoba, al número de otros turbulentos pintados como héroes de huesos arriba de las calas, de las lechuzas, del hueco de boicoi falto del ni siquiera, del de las siglas que gastan liderazgos patéticos y vacuidades para exclusivas, para una bolleta prétil, sobre la solapa y una chiquillada, una polución, una carrera de chas chas y chapas y ápercas en las trombas criollas de piernas maulas y pétalos de batería como si fueran a sentarse en la ficción, en la penetración de desnudos y piedras para picárselos cuando hay ganas de inundar otro multiespacio de bombachas y pasto en costurín; en la pared a cámara lenta y el recomendado para cubrirle del destino tridimensional que apenas recuerda, resbala, renueva la invitación de cuatro ejes que late y late como algo indescriptible, como la góndola remando el aliento de flujos y tortilla cuajada, del deseo de beber el paraná con piedras y fresones y lima y el toquecito de algo picoso en la ceja del camaleón con la gasa ondular y la manera de entender el género que viene, el díxit de la delícia en el fondo con un traje prestado de ritornellos y marmotas de contrapunto pispeando las alas de la tangerina del ropero de la pupila descifrada en el mínimo ser, piñata azul, y a la titulación del lugar, hasta el resumen de la senectud caótica, sin los detalles para compararse con el diagnóstico mecido por la mañana que no aparece por boicoi para saludar y decir el hasta siempre, o el tan sólo que vuelve para retroceder y dar la mano de amicci y el anterior de lo vidrioso que sangra por la nariz puntiaguda del imaginario brillo de la pompa que arranca por el momento de antes de tiempo en la plantilla de siempre solita que cocina el dulce amor a medida del gavián, de nueces enteladas y embriagados rictus caoba pardo detrás de aquél carnoso con hornamento de tres flores fatigadas del rérum callado.

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