Dos sábados de Marzo con poemas incomprendidos del calor por abrazar la amante de las varices en el automecanismo del deseo, del doz de máyamos y delirios del don agotado del autoodio y lo poco que todavía corre para matar el corazón de migas que quieren mojar para juntarse y formar uno solo sin necesidad de amamantar bombachas y pieles con olor a naranja y a pescado secado en la arena, en el corto sediento, pendiente de la prisa por despertar del gallinero la mastina helada, el esclavo del poder judicial de la cabina de cazadores y feos sin lobos del textual glande de testosterona para todas las del plan del espero en la ibérica cuna anulada por el recurso limitador de imitaciones y quioscos con láudano y derivados del lodo en eventos para cada pago investigado, tendido a cadenas y entregas follando en un rincón del escalofrío que conoce hechándose sobre la cama a carcajadas y sensaciones sin la pausa en las caderas del cunilingus, o para recomenzar murmuros y vainillas de celofán y tersas inertes con licencia española para la pañolada de jamones y brindis de vichy penetrando por la pasión tabú que hay en el rostro desconocido y pedido como regalo por las palpitaciones de la delicia que comparte el juego del amor y la nupcia que levanta la falda al pretó, al obstáculo con lasciva que se introduce por el beso negro, por la tráquea de humos y hongos con la suave miel del caracol por dentro masturbando la apertura con el puño del codo para excitar la licencia del orto y todos sus componentes extraños, medio hurtados por un sostén de mano más un patrocinador día y noche y sin el poder de la grúa de adelantar el miembro de hay, en fuera, en el escenario alterne de bandera caigante y felaciones en el flyer que invita a las gracias del bar de ese rato ragalado de más de ocho segundos.

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