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Esmegma

Tan poco como empujar extremos para ella en cueva de desnudar el hambre seco y cortado con las pinzas de tender imágenes de laboratorio perturbada por pesadillas de no poder masturbar el clítoris querido, las aldeas pasadas de gerb en un nuevo canasto cocido para hacer cachas y ranuras de la madera y una noche sola, mullida por sueños de viejas pieles de las necesitades de beber la espelta de un círculo de otro mundo recordado como esmegma capaz de copiar un cielo sin espíritus ni el haya algo como cuento, como impensado orgasmo de babydoll y chámamas clavadas en velos enterradas en el orificio de oxígeno junto a la caliente concha depilada, la curva que permite cambiar la operación de hueso plano y cerebro de antorcha lleno de aceite para bascular el acólito, rápidamente aterrado en la docena de trazos onomatopeicos de sangre limpia y mentiras preferidas por el estímulo sexual de no miedos de cerca y atardeceres para otro caldo de bebé oso como marca de abrazototes y popotes de plástico degradado y beso con lengua, o negro, o del últumo té de incompleta poesía y autopsia y un yo, junto al cuento de un don nadie que se mete por los espacios de autolavaje para tocar la acera, llanura rayada con los dos colgantes de las once sin página de periódico ni tantas horas, ni gotas de espera, de rátio agrietada por la esgrima que esquiva otra fila para bajar yeguas y pepenaste aprendidas del casuarne que rechata debajo del coamil sembrado con repartos, y la mayor parte de pitas y lomas de odilón y guajolotes de gente sonsacados de soplar en la cabeza de febrero, de otro aprisado al hombro, al zacatal a falta de algo igual de tirante como vendido, o como llevado al par de costales del tejocate único hasta la pared del otro guante de guangos y entedederas entrometidas a la pizcadora de volver a ver una mirada sola con el descabezado cohete y las espesas olas de punta y barranca llevada a la serpentina, a la mirada del chapaleo en tambora echando el pasto a plato de tamarindo, de coyotes y brincos de madrinas o ranas, o negros, como cincuenta apeados de agarro.

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