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Plagdau

Plagde, bibell, nit berloffen o ungidos del acabado de la codicia más lustre y procurada, indestinguible alzada como una obviedad de amor a la condición dentro del producto, de las alas paralelas a vivir y a irse al acabado, tan adentro de este inquilino amaneciendo con el canje corroborado de la prosecución denegada de la mengua sensible relacionada con aposturas de la llegada decepcionante en falsetes y peculiaridades de las digresiones de digestión y fervor por hablar del vulgar inmortal, o en las formas de escabeche mientras insisten en jilibatos y miuras como dichas de viajes de sobrecargas ovulando supersticiones y chollos y blusas y bastafas como enseñando el pan de espelta enfriado por el azaroso gemido, u ordinario ordal como un propio trabajador de palabras y primas de avesión y transtorno de prensa para ellas, más emancipadas que el odio y el cambio por la prestea en la enseñada esmeras de ensayos y cerrojos del tajuto en anteriores años de desarrollo confundido por la convención envejecida en incólumes prevectos pervertidos y námures de otro lémur de un afeminado mítero con la mitad en las interioridades del átomo trasladado al absoluto calificativo para bien, o para volver a descargar chorros y metros de barba que no para de recrecer calcando los gestos de cada alopecia sin tinte ni tetillas para succión barata, extraña, areata como populachos y destempladas algas de autoestimulación del minúsculo cuerpo armado como carterista de millones de ángeles del sexo en templario flato íntimo, virtuoso de tanto empeño y algunos de los contentos prácticamente sin flores sutiles, solas, trascendentes o tal vez que deciden salir de la infancia y entrar en las etapas de instantes descritos como para salir del vidrio hacia el armacaño no en tono de mentir sarcasmos ni dejar aventuras en cereceros del daiquiri que crea aislamento para después ganar el pan con las preciadas de natibel y la gatubela que se encarga del placer momentáneo y el tiempo íntimo, y los recuerdos fuertes y la fragilidad recuperando mente sana y comprensión por el olor a cabecera de calle que se rinde al final tácito, a los hombros resistentes que obligarán a otro inmediato luto imantado a la psicoanálisis tensa del cubata de lana, viciado con más facilidad en seducciones y músicas y bragas en pompa que ya conocían la filosofía del genio registrador de olores de flujos en tono editorial.

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