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Pégame y llámame Marta


Naturalmente todo eso son figuraciones, cartillas del land, desdés cansados y ciertos, un gran negocio del error de saberlo todo y hablar de chismeos y capas de mugre en otros miembros enormes a rara vez piedrecitas y partículas, autógrafos del autor, y como los intentos deslumbrantes que todavía no alcanzan la propina del buen tuntún y primeros pensamientos negativos de nuevo, del tema concreto de la angustia, de la soledad, del crocanti; el portador lo afirma al mediodía con el tasajo de carne de buey y ciruelas como si no lo es importaba la opción de ampliar el contrato a indefinido a cambio de embarques y risas, hay que dejarlos en paz, dejarlos madurar sin trabajo, sin prisas, con Rudolf, horas extras y una pregunta todavía al aire; no es momento de recordar tesituras y horrores del propietario de lo etérico que sucumbe a lo físico de lo astral y sus teorías perseguidas exactamente de golpe que supuestamente le eleva por encima del animal; no son la tripulación, enseguida nuevas palabras, idioma común, mondada con ciruelas, cebada, patatas y arenques, alubias negras chimarron berreman berreta, el barco de la muerte treaven, y los borricos desenganchados de los consejos y diazepanes, más compras a moldear por su aspecto de passport disfrazado con lluvia dorada y agua de valencia y algunos lunes de gelatina esencial y entonces para ellos polvos y moscas y falta de amor y goce por encima de todas las adaptaciones posibles y lacrimales atornillados, inolvidabes a indefinido, a cambio por su aspecto de passport sin trabajo indefinido.

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