Arlén, de nerlán, de arún volvoretas y fados para nerla superación autorizada por varoncielos que no arrasan la cabeza de sentarme justo en el medio, y romper el vibrador de los tilos tererés y vistés puentes, o a la corta virundela de nata y mascarpone fundido al fungus; por eso extraño mi temible clandestino y las babas de nerla, más que por eso el relax del pasaje número catorce, inacción hiebrera de mártires, ni los anaranjados perales o bicoca pichanga de puchos al acabóse paladar y poción de mis días contados por la brevedad del orgasmo y de algún modo mitigantes a musitarte el respiro o un salmo para combinar con el celu y la brumita y alguien que no cede la moraleja de la orgía damisela que no reconozco para esperar mentiras y embriones solitarios lloviznando de qué cúpula o en que zagán hipocondríaco u otra yo con sabor a liberación de testosterona y pólvora de glamour y más, y van las pavadas estrépitas en vísperas y benjuí de mozas de barítono brillo y un seguimos supongo con la camarera para atacarle el cubil turco, del turf trufado con asco vencedor, tentado, marchito pene prestado con el resto de grandes convenciéndole que se coma la bombacha y desayune la nerla desde el jardín derramado sobre el jueves noche, siete y mediá acaramelada a sus dicen lo lamento por este papel untuoso que no birla otra nerla de ideas que se agotan como multitudes a oscuras de cada vocación al caerse desde domingo hasta la perla que falta para el placer de la pavura al no sé y al albor como el final de lo palpable que se entiende al tocarse mutuamente con la vida de tangos y pinceles, y algún cincel verde para oler el mejunje de purpurina y toxinas sí o sí.
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