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Susvenoir

Pero no la voy a tirar, horroriza, dicen telecataplum iglesias, teadium, la tierra entrenzada por gestos, por unas migajas de flema postrada en potorros filiformes y plebes o angelinos, acreedores interludios según desengaños y tristes utopías del alto cielo suspirando moscas, inservibles, criando a déstel colgado como si fuera suficiente la marca parecida, cierta sin hundirnos en la luz anciana y peligrosa tras la prescripción del contrario neutral en este carnaval de condiciones y de farsas que han de hacerse a parte del asosiego insesante, amateur, ambulante en el surco vapor que empuja la paranoia cuan culpable de cerrar pájaras y peñiscos en color amargo y ágrios de dejar los vicios lubricados y mirar el boceto de susvenoir para la tos de algodón en la fe, servita usaquién durante la parra institución infantil para nada masoquista, para elcuburar a solas estérilas sensaciones que nos define cobardías injustas y locuaz como si el destino se hubiera confabulado con la razón por ondas y pelos que enaltecen y gustan el ni hacer y el preferir no pensar para evitar recaídas y sarcasmos burlescos de bufón en el héroe favorito de la carne asada o al jugo con mi inseguridad de complemento vitamínico y ocaso susurro de serrín fácil en agonías entre tanta oferta violeta casi manso olvido con batolas para invitar y poner tentado de la incógnita que penetra al pasar de los años distantes a las primigenias emociones que azotan la realidad que congoja con voz profunda y absoluta.

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