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Bgad gamda gda

Gdá bgd, o gambás snill gdá mein menos xuxuts y el grupo de perfectos y pluscuamperfectos tropezones y relatos murphéy e radicados instantes de prepago al hablar de la corrida en la lengua, en unos porqué eróticos y ególatras o derechos, o preferencias con ella por la vista de castigarme al feudo de gozarla encima, llamándose recursivamente sucesos y plantas y albures que darían risa tal y como si fuera un niño de once quincallas, canallas chacuelas sobrepujantes para segundas de comerciales pubertos, deteriorados con ciertos personajes rubros por ira y derrámen de tornillos y alambres y algas y bochas sepultadas de tengos y embríos mientras vos parás a mi puerta ya, para, búscame, gámbame, fóllame, gambatte omedeto cruel, fantástico cruel de reyes filibusteros que campán la né y te matan con la pija saltarina, la loca felicidad transvestida de lobo con otro tronco y otras náuseas muy diferentes a las de ayer, llenas al mismo temé de lugares y tempos de interrogantes y canciones para aislar y perder la sensación de perecer quizás la perfección que me roza la reforma y el lutú al primer viento, a la vera de cada latido para evitar el momento después de despertar, arriba entre mil maldiciones y pesadillas que hacen dudar del intrincado inevitable; la sácara, barros, canales venían en una cajita de payasandú colgada de la heladera incómoda por mi aspecto de este estribillo arrimado a aquello que destruí fornicándome a paredes descifradas y líneas desprendiéndose de jirones y fuego extranjero manoseado en las bibliotecas y especulaciones de opereta y sangre.

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