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Cofaglo

Sutún, paduano o cofal, o de algo nuevo sin ritmo de alcanzar un hasta, una palabra sin un luego de enemistad y montañas de celestes armatostes que se salvan de la boda del ordenador que no cuenta más del ayer, del ex alcoholismo acomplejado del futuro timbre del culo que se fija en la angostura de la atracción de movimientos del ruido anidado como creencia de un mal día, o de algo de colofón en cofal, en bimbebús, en el silencio de la última decisión de la facilidad con empezar por el cansancio del próximo intentode tocar y oler una lágrima de pintalabios y pitidos ensordecedores de aquella imaginaria trastienda de moandraba y moho sin la meticulosidad de las pinturas abstractas y las alas que se ahorran beber y fumar y fornicar a cada camarera con la mente y con las ausencias de reveer las reverencias y vestigios de la pareja de ceros y capas naranjas de jabón sin ser del igual, con la entrevista de los olores concisos y mafias denunciables de recuerdos que acabarán con el zen de las rarezas del himno de francia con las trompetas y las 503 voces de la película del fierro y aquel misterio del tipo de material sin tiempo para jugar con las futuras fulanas a médicos y a deshechar la actualidad de la estructura de la aprensión incomprimida, y cada tanto de los métodos de atacar las llaves y arqueos del acuerdo de no alquilar las veinte horas acopladas con el barrio del río y los surcos de julisas y tagliatas atadas al imán sin campo de un suntún sentido, unas vistas al otro orto del júbilo, de palabras de pies y refranes sin un porfin de dos prodigios químicos, hasta sin aquella demencia sin arrugas ni palos mártires del colofón, de aquella desgracia de vehemencias y excusas que intentan bajar la guardia en el otro almidón del salón del según intenso, mezclando los alrededores de la búsqueda de la televisión de pago, del reconocimiento de aquellos rellenos de cocina y torsera de nevera, y claves para asomar la sacudida disfrazada de catolicismo colectivo.  

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