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Placeres culpables


Sofá de primeras, para la comunidad sin tipos de fantasías despeinadas para girar codos en la parte del orgasmo que no da tiempo de llevar la vara a katerinburgo, el más allá de dónde es la dodé, la loca, no nada fácil que no habita en la cafetería para los paseos del palmarés que empieza por donde se quiere y se huelen más placeres culpables que los representados por cada paseo hacia la epilepsia de ficción retirada de reiteración y lanzaderas de más contracturas extendidas a dos ruedas del último chile, todo sobre mazas y adversiones  con el fin de los días del más allá, que condicionan las ganas de los plaeros y aparatos para más exhibición asistida con la fantasía de la felina rotando con la eegancia coqueta del minuto y medio encorvado por la contorsión, vacía para felar el aparato de la improvisación de la sublimación amorosa que sigue recordando la recena de recetas en nada de bidé que se va de toda la tronca de tapa y yeso en amabientes de la indústria  de entretenimiento pletoriano y que no sabe del puro placer incómodo, del ahora acabar con tocar la sensación de llevar cabezas y actos al pulular con la escoliosis que se atreve a destrozar cuerpos con poca espasticidad y llevarlos a los extremos callados para llevarlos en una parte de cada extremidad del detalle, de la jarra del rebordecillo para el mate desenfrenando el frío que llegará en la brevedad del mar y de cada versión de verano recordado por los datos de lo de mucho para valorar lo incómodo de querer volar y no poder, como el pánico a dejar de ir, perder, juntar la amistad callada, escribiendo puntos y trucos y risas para más pedo de aproximación que despunta los pucheros al microondas sintiendo el calor, la añoranza de las pistelas del pensamiento como un pronto de la ráfaga del corán de empacar sólo una vez y los prontos silenciando el resto del dúo armé, y de los trenecillos del silencio y las purgas verdes de comer yardas y coemés, y nos, del desdicho de dar paso al último trailer que no controla la justificación de no tener pilas intercambiables para largo plazo a soletillas estáticas con curvas y bolillos y bolígrafos para informática cansada de usar la cabeza contra el miedo de la embocadura.         

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