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Lerutserti

Letras tuertas, enpiratadas, calavéricas más mundanas que la miseria llena de fotos achicharradoras y calles rezando entretenidos, comprando luces de azufre, ese rincón de seguridad por teléfono en la cuenta de la pieza disfrutada aunque las plumas estampadas en el domicilio contra un par de días, crampas de nacimiento y retozas en reforma, en mimos, en potón derecho decidido a detestar la lentitud de la mañana carne de castigo a parte de una batería de sótanos y mera prada por troncos a cambio de aparatos y crímenes ensayistas para desponder y cambiar notícias frescas de un pionero del soporte del taxímetro visual, cercano a la colección de sintetizadores de xove hasta la entrega de la gélida masilla de rumores y gnomos y más niñas nueve desde la tienda que cadena el tintineo de humo y posibles fallos de diagnosis clínica que prolonga el turno de agradecimientos y achacos de indiscreción que silencia el ritmo del terapeuta en las diferentes salas del cuentecillo para un cariz de celuloide y nueve milímetros de pañales y malabarismos para saltarse el semáforo del degoteo de pescado crudo, vestido con mortaja de cera y relieve escorzado, como plastidécor de sangre y colmillos de matemáticas y capitalismos por cada calzada del recuerdo de la esquina del bozal por buena escala descontada, con el picardías con la cruz en el fémino plato de la culpa servida con la conservación de la cepa del meridiano de la zanahoria positivada con el llamamiento del terrible incondicional en la picadura de almendras y apio para adornar la delícia, dicha de ese tiempo de las vitas del curioso respectivo colgadísimo de la fecha de fichas y embarazos de migrañas excitadas por el insensato subterráneo fantástico con actitud de monstruo de otro amor seguro, de la basura bajada en un azapado entresuelo de miedo, con telarañas y vampiros y un cuaderno al aire libre, de seis estragos a la máxima potencia, a órdenes para piano mandao en un punto más de cocción segura y la apuesta del in vitro con proveta y vagina artificial que gana adeptos entre la participación de redes y cansancios comunes de repetir estilo para todo, para la asignación de la rabia cansada y sombría y dorada inconsciente, no tanto como la historia de histérias e hijos de...hitos y puntillas y rótrings y compases de la paraguaya entrenada para reberverar como una rancia profecía de supermercado cerrado y caducando los cosméticos raros para tantas cabezas como bolas de madera listas para encoger la acertada destinación a terreno de más sensorias, calcadas, dando la cara por la noche aturdida, marcándose el sitio cabrón.  


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