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Yartibretúa

Brés, brécua y bigote de miel emo, yarit, rendible con estadísticas y estampados de masoquismos y la pesca del fuego quemando el fotógrafo y todo lo demás que no es importante para el tembleque de la muestra de algún tatuaje del mapa, de la culpa investigada por esta calificación del sexo de las servidoras con calificada minifalda y más no puedos con el periódico en la parte declasificaciones y compañías y gotas de confianza que manejan la escena de estatuas y huevos fritos con chocolate y viajes astrales de otro comienzo de habladas especulaciones sobre la entrada de yerbas y zumos de ungüentos de tortuga de almacenaje con el cuento del relleno de la preparación para trasladar los botones del champú que emite infiltradas neuronas a la corteza de la cama nueva sin maridos ni maquinitas que oxigenan la obra maestra hacia la baldea de joda, de desayuno de pisos y estrechas entrancadas  por baquiabudos sacadas con el desconocido servicial, otro insoportable truquillo tranquilo, qwerty, guanimí, no toda la escarcha del reclamo que aparta el cierre del suficiente eslógan del tono tía odiada a granel del chusmerío que agarra la libra de hoy, de antes, definitiva, teléfono y pistolas reinventadas para dar paz y eternos enteros en la vieja plaza luxada por la flaquita vez por semana con vincha menstruación desentelada y desteñida por el caramelo blanco de limón y nardos rojos como frutos, como ojos de pulpa de pintauñas y hamacas roncas, embarazadas por las defenestras de la moda sin las suficientes defensas para perdurar en el punto de luz del putiferio que rodea el gusto de lo indefinido para explicar la desbolada y las faltas de puntualidad siempre soltera, con cero pintura y capas de nueva piel y tatuajes de kames en un simple kanji barrido por la velocidad de las milanesas de hongos y mogólicas y solipsismos entre dos recuperados frontales de las repercusiones ajenas en los complots de quenchis que suenan a lavajes con dos manos de celulitis y el mismo vestidito para terminar la ansiedad de los corticoides que se quedan en tres pedos de ocho mediocres latas y novenos recitales de tiros para cualquier autoayuda dispersa y de pocas escapatorias con el entrelazo de jardines espaciales y zenc y cocas de vísceras.

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