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Apeté

Atípico apeté, grupito de vós, de fiestas y encuestas de signos y épocas de chau para emancipar las correrolas de valor, del acostar el tílcar de personalidad múltiple con vilera poxirrán y sudadas gomas de escaparates y tipos en preguntas de vidrio y otras atacadas sin flirteo ni apetecible por cansinos chámacos, ni interrogantes que tensan la boca como el huésped como antifaz del lazado irracional de césped y distancia entre espejismos y reales paros sufridos por el único refugio hacia la musita del lado sagrado, del diestro ardor de sembrados reajustes que supuran luciérnagas de gas y fiebres matando al nombre que recorre el salivando de cada cuerpo sin manos indescifrables fotomontando tres emergencias por cruzar y deshojar las desmemoriadas enajenadas en la burla bajo el final pornográfico, estéril, afilando la presta, la peste, el prego de coluntades y fierros de caza, del mortil que ilumina el inexistente solar detientas maldecidas, en un difícil dolor de tumbas y estupideces insisivas cosidas en las anáforas del trozo incesante de antojo de miel y avispas tse tsé para el pastoso ahora manchado con todos los malos y aspirados escarbando el hurto del huerto estancado en el digno truco de horizontes sin las espuelas de dentro la contracción del huésped, o el simplemente polomo del promulgo fino y frágil, de apeté, sin el inquietante no tocar de luz y sobre el tormento con el incluso que desquebraja la gélida crepitando indómitos amores con regusto de piedra con las retinas en la sepultura que renace con el retal del tiempo incierto que vuelve a consumir donde cursa la póstuma metafísica que deambula entre los números y las posiciones solitarias, y repetidas, y en medio del feo culo de vieja hacia el paladar del autor nuevo, en los ángulos labiales del dueto clítoris con el roce de apenas inicua esquizofrenia igualitaria en la palabra que en el mutilado retratista de distingos cargos que no ejerce otro prohombre en las tropas como la penumbra de las guerras y cintas y tipos de ars en la dedicatoria como rey y trechino de cinacha de agonía del último sacrilegio de dedicatorias y vidas de estarcidas dominadas por las dormidas ojeras de bilis y memorias pendientes del ausentado olfato en contra la pájara que sigue desconociendo la destrucción que no entiende otra forma de ganada memoria sin lagunas fotográficas, sin mentes atracones reduciendo la capacidad laboral sin reguardar el resguardo del presentido de palpar los ritos y apagadas y húmedas entrañas del talismán de presencias sin señales ni pasillos de emergentes latidos de sangre hacia el cordón bleau amantecado.

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